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Construyendo la Comunidad 1
Pongamos los cimientos: La primitiva comunidad Cristiana
Nuestras comunidades actuales tienen su origen y fundamento en las primitivas comunidades cristianas , por lo tanto si logramos imitar su forma de vida, sus actitudes y servicios, estaremos realizando el ideal de comunidad.
Ciertamente esa imitación debe hacerse desde nuestro tiempo y desde las exigencias concretas de nuestra comunidad.
¿Qué hacían las primeras comunidades cristianas?
Una sola cosa: Recordaban al Señor.
¿Para qué? Aquí viene lo mas importante, y es lo que nosotros debemos tener en cuenta:
Recordaban al Señor para celebrarlo presente entre ellos
“Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.” (Hch. 2, 42)
“Y así, siempre que coman de este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que vuelva” (1Co. 11, 26)
La liturgia debe ser para nosotros la fuente de todas las demás actividades, por lo tanto, de ella debemos nutrir nuestra unidad comunitaria.
Recordaban al Señor para penetrar en sus enseñanzas
CATEQUESIS
“Por eso, dejando a un lado la enseñanza elemental sobre Cristo, vayamos a lo mas perfecto, sin volver otra vez sobre las verdades fundamentales, como el arrepentimiento por las obras que levan a la muerte y la fe en Dios” (Heb. 6, 1)
Sin catequesis, o sea, sin enseñanza de Cristo, una comunidad termina haciéndose vieja y muriendo lentamente, por eso debemos prestar mucha atención a esta dimensión, pues es la que prepara a los que el día de mañana tendrán la misión de seguir construyendo la comunidad.
Recordaban al Señor para darlo a conocer
MISIÓN
“Y todos los días , tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la buena noticia de Cristo Jesús” (Hch. 5, 42)
La misión debe ser para nosotros, la entrega de nuestras vidas al Señor que quiere que todas las personas lo conozcan, por eso, dar testimonio de vida en la comunidad es ya una gran misión: “en esto reconocerán que son mis discípulos: en el amor que se tengan unos a otros”.
Estos son los tres pilares fundamentales de toda comunidad cristiana, lo fue desde sus orígenes y lo sigue siendo ahora, por ello debemos preocuparnos por que cada una de estas cosas marche equilibradamente y en comunión con las demás. Además es muy importante que no dejemos de lado ninguna de ellas, pues tendríamos una comunidad incompleta.
