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1ª Corintios 1, 21 - 25
[21]
Una de las palabras que nos presenta el Evangelio según san Juan en boca de Jesús luego de la resurrección es: “Felices los que creen sin haber visto”, y es a estos felices a los que se refiere Pablo al decir: “los que creen por la locura de la predicación”. En tiempos de Jesús mucha gente lo vio, y muchos vieron sus obras, pero no todos ellos creyeron, porque la falsa sabiduría les impidió creer. Esto les pasó a los maestros de la ley y a los sumos sacerdotes, su “sabiduría” les decía que el Mesías vendría, pero de otro modo, y por esto no pudieron ver en ese “hijo del carpintero” al Mesías esperado; en cambio a lo largo de los siglos muchos han creído por medio de la “locura de la predicación”. También nosotros somos hijos de esta locura, y si creemos de verdad, somos a quienes Jesús llamó felices por creer sin ver y por quienes pidió fervorosamente al Padre en su oración sacerdotal al pedir por “todos los que creerán por sus palabras”
[22 - 23]
Muchos proyectan en Dios sus deseos y se inventan así un dios a su medida, un dios que justifica sus acciones y que obra solo a la medida de cada uno; pero Dios no se ata a medidas, ni a leyes en provecho propio, ni puede ser abarcado totalmente por la sabiduría de los hombres.
Pablo aquí nos presenta y nos resume la causa del “fracaso” del Jesús histórico. Y es que nadie esperaba a un Mesías así.
Algunos judíos (los del poder) esperaban a un Mesías Rey que vendría con grandes obras y que cumpliría y haría cumplir estrictamente aquella ley que tan celosamente guardaban, un mesías que confirmaría que Dios esta con los “justos” y que maldice a los “malditos de la Ley”, los pobres, enfermos, mujeres y muchos más; por eso cuando Cristo se presenta como un Mesías pobre, que esta con los despreciados y, para colmo, se hace “maldito de Dios” según la ley por morir crucificado, los judíos no pueden aceptarlo y se transforma en un escándalo. Pero no solo los poderosos se escandalizan, sino que también muchos del pueblo que esperaban encontrar en este Cristo al guerrillero libertador que los sacaría de la opresión de los poderosos (y de la ley) por medio de una gran revolución, pero el Dios-muerto en cruz es causa de escándalo también para ellos.
Muchas veces nosotros pasamos a ser los nuevos “escandalizados” de nuestro tiempo cuando no podemos aceptar la presencia de Jesús en el hermano, cuando aceptamos a Jesús en la Eucaristía pero marginamos al pobre y al enfermo y lo creemos olvidado de Dios.
Tampoco los griegos (paganos?) pudieron aceptar a este Dios, ellos, un pueblo en busca de la sabiduría, fueron incapaces de aceptar a un Dios que juegue con otras reglas que las que ellos conocían; les resultó una locura este Cristo que no se encerró en lo que ellos llamarían “justo”, sino que su justicia era guiada por el amor. Para los judíos era entendible que el hijo pagara por las deudas del padre, pero para los griegos esto no es justicia… cada cual debe pagar lo suyo y hacerse cargo de sus actos; por eso les parece una locura hablar de un Dios que se entrega por los delitos de todos y que obtiene así la salvación de todos… locura!
También nosotros muchas veces pensamos en un Dios que se ha vuelto loco y lo rechazamos, un Dios que nos pide orar por los que nos persiguen, dar la otra mejilla, ayudar a todos sin excepción… y todo nos parece una mentira porque vivimos en un mundo que nos propone otra escala de valores muy distinta a la de Cristo que muchas veces nos escandaliza y nos parece una locura.
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Pero aquellos que logran superar el escándalo y la locura y aceptan este proyecto de Dios, al mirar la cruz ven la fuerza y la sabiduría de Dios. Porque todo aquel que acepta la dinámica de la Encarnación de Dios, necesariamente llega a la cruz, expresión máxima del Amor de Dios por los hombres.
San Pablo, y millones de seguidores de Cristo a lo largo de los siglos, son testigos de la fuerza que brota de este Jesús Crucificado, y nosotros, sin importar quienes seamos, somos llamados a experimentar esta sabiduría de Dios que se expresa en la cruz.
La cruz es la situación ineludible por la cual debemos pasar si queremos ser discípulos de Cristo, el mismo nos dirá: “quien quiera seguirme, que tome su cruz y me siga”. Muchas veces por tomar esa cruz seremos tratados como necios o locos, pero si al maestro lo han tratado así, nosotros, sus discípulos, no podemos esperar otra cosa. Pero tengamos presente siempre que los criterios de este mundo son muy distintos e inferiores a los de Dios.
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Pablo termina este párrafo de su carta a los Corintios con una frase que condensa hermosamente estas contradicciones que venimos mencionando: “Porque la locura de Dios es mas sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es mas fuerte que la fortaleza de los hombres”.
La locura y la debilidad de Dios tienen su máxima expresión en la cruz que es signo del Amor de Dios por todos nosotros, y es que en el Amor es donde Dios muestra aquella “locura” que tiene por los hombres, aquella búsqueda que hace para tenernos nuevamente con él. Es por Amor que Dios se nos muestra débil en el pesebre de Belén y más débil aun con los brazos en cruz demostrando su extrema debilidad… por amor.
Dios muestra su debilidad y su locura para que nosotros podamos ser fuertes y sabios, pero solo cuando asumamos nuestra debilidad y nuestra locura se mostrará en nosotros la fortaleza y la sabiduría de Cristo nuestro Señor y Redentor.
