1ª Juan 2 , 9 - 11
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Otra manera de decir esto sería: “quien dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso”, porque es imposible estar en la luz, conocer a Dios y no amar a los demás, porque Dios es El Amor y aquel que permanece en el amor, quien persevera en el amor a los hermanos, ese es el que vive en la luz.
Este amor es el que nos asemeja cada vez mas a Dios, por eso debemos aprender a amar a todos desde el corazón de Dios, y como el ama.
Muchas veces podemos tener la tentación de pensar que Dios nos ama solo cuando estamos en la luz, pero no… el amor de Dios para nosotros es gratuito, es libre, y no exige nada a cambio, pero este amor debe movernos a la conversión, a inclinar el corazón hacia Dios y hacia el hermano, a dejar nuestra vida de pecado, de tinieblas y entrar en la luz de Aquel que nos llama siempre.
Para estar en la luz no hacemos una opción individualista, no podemos olvidarnos de nuestros hermanos.
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La salvación (permanecer en la luz) tiene una dimensión social ineludible, el amor a los hermanos es condición totalmente necesaria para permanecer en la luz, por eso el pecado también tiene esta dimensión social. Nuestra salvación afecta positivamente.
No podemos negar que el amor transforma, cuando nos sentimos amados por alguien, o por Alguien (con mayúscula), nuestra vida se transforma, nuestros días se llenan de luz y hasta parece que las cosas nos salen mejor, porque tenemos conciencia de que hay alguien detrás de nosotros que nos ama, y su amor nos influye. Lo mismo sucede a los demás cuando nosotros los amamos, por eso, amar a los hermanos no es solo para que el que ama se encuentre en la luz, sino que este amor “arrastra” también al amado hacia ella.
Por este dinamismo del amor, nuestro camino se hace más firme y nuestros pasos mas seguros, pues caminamos en la luz y hacia la luz.
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El que cierra su corazón al hermano, cierra sus ojos a la vida, se transforma en un ciego que recorre tientas su camino.
Aquel que no ama, ha perdido de vista la meta final de su vida, ha dejado de ver al Dios-Amor que ilumina el camino. El que no ama priva de su amor a los demás y también es incapaz de recibir el amor, y sin la luz del amor no puede decidir cual es el camino que lleva a la felicidad.
Cuando no podemos amar a nuestros hermanos, nos resulta difícil aceptar el amor que Dios quiere entregarnos gratuitamente.
Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar