El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 

 

Gálatas 5, 13 - 18


[13]

 

La libertad es para el hombre un regalo de Dios, y por este regalo, el mismo Dios se ha condicionado a si mismo, se ha atado de manos en su obrar con nosotros, pero esto lo ha hecho por una sola razón: por AMOR. Porque nos ama y quiere que nosotros lo amemos, y quien no es libre no puede amar. El amor forzado no es Amor. Y es por eso que tampoco nosotros podemos obligar a nadie a que nos ame, por obligación lo máximo que podremos obtener son “falsas muestras de cariño”. El amor es libre o no es amor.

Hemos sido llamados a vivir en libertad, por esta “vocación”, Dios se arriesga a que nosotros nos alejemos de él, pero su respeto por esta libertad es tan grande que se deja condicionar por nosotros.

Esta libertad debe ser bien utilizada, a causa de tantas libertades mal usadas hemos llegado a poner a nuestros países donde están hoy. San Pablo nos da en este versículo la clave del buen uso de la libertad: “Háganse servidores los unos de los otros”, pero esto no es el servilismo de aquel que sumisamente cumple órdenes y deseos de otro, sino que la clave de este servicio, su fundamento es que es “por medio del amor”.

Este servicio que debo prestar haciendo buen uso de mi libertad, no debe tener como fin el conseguir alguna recompensa de mis hermanos o mi Dios; ni tampoco debe ser para aparentar delante de los demás, pues de ser así, como dijo el Señor, “ya tienen su recompensa”; sino que este servicio debe ser la expresión del amor. El mayor ejemplo de este amor lo vemos en Jesús: Él es el Dios eternamente libre que se limita a si mismo asumiendo una carne mortal en el seno de María, pero además no le basto con eso sino que ato su libertad humana al madero de la cruz, haciéndose el servidor de todos y regalándonos la salvación.

 

[14]

 

En esto san Pablo es repetidor del mismo Jesús. Se nos dirá también “Ama y haz lo que quieras”. El que ama al prójimo ha encausado su libertad hacia el bien, este amor es libre y libera. El que ama al prójimo no exige reciprocidad, es un amor que surge de la unión de la libertad y la gratuidad.

Amar al prójimo se convierte en una exigencia para los Hijos de Dios, no por un mandato, sino porque así nuestra libertad se asemeja cada vez mas a la libertad de Dios y nos hacemos cada vez mas “imagen y semejanza” de Él.

Jesús ha venido a enseñarnos y a mostrarnos con sus obras que el amor al prójimo esta por sobre toda ley y que ninguna norma puede postergarlo ni anularlo

 

[15]

 

Haciendo un gran anacronismo, podríamos decir que Pablo, antes de escribir estas palabras, estuvo prendido a la TV mirando cualquiera de nuestros informativos, leyendo cualquier periódico o escuchando alguna radio. Cuanta actualidad tienen estas palabras, y cuan cierto es que si nuestra libertad no es movida por el amor, terminaremos destruyéndonos los unos a los otros.

La clave de la libertad es el Amor, si cuando conjugamos nuestras libertades personales lo que prima es un interés mezquino, tengamos la seguridad de que nuestro camino no se dirige a Dios.

Debemos buscar que nuestra libertad no se mueva por otro interés que no sea el de Servir a los demás en el amor, solo así dejaremos de “mordernos y devorarnos” los unos a los otros los unos a los otros para pasar a amarnos los unos a los otros.

Cuando nuestra libertad no es moderada por el amor y nuestros actos son manejados por el egoísmo, la rivalidad y el afán de ser más que los demás, nuestra libertad se hace esclava de nosotros mismos y nuestras mezquindades, y una libertad así no merece el nombre de libertad. Estamos malvendiendo un don que fue comprado “a precio de sangre” al costo de “un par de pájaros”. Nuestra libertad vale mucho mas… ¡infinitamente más! Y está destinada a ser cada vez mas libre… para ser cada vez más semejante a la de Dios. No encadenemos nuestra libertad al yugo del pecado, sino al de Cristo que es suave y ligero.

 

[16]

 

Todo el que no se deja conducir por el Espíritu, es arrastrado por la carne. El que conduce, lo hace pacíficamente y nos lleva por los caminos que mejor resultarán para nosotros, y lo hace libremente porque nosotros se lo hemos dejado; el que arrastra lo hace con violencia y aunque en un principio el camino nos resulte placentero, nos aleja de la verdadera felicidad. Nuestra libertad en manos del que arrastra es cada vez menos libre y menos plena, en cambio en manos del Espíritu siempre tendremos mas libertad, pues guiados (conducidos) por él, seremos cada vez mas semejantes a Dios.

En este camino “el que no avanza, retrocede”, quien no se deja conducir por el Espíritu de Dios, es necesariamente arrastrado por la carne. (Recordemos que la “carne” en san Pablo no representa “lo humano”, sino aquello que no proviene del Espíritu) Pero el que se deja conducir por el Espíritu tiene la certeza fundada en la promesa del Dios-Fiel que no será arrastrado por los deseos de la carne.

 

[17]

 

El mismo Pablo nos ayuda a entender este versículo cuando en otro lugar dice “No hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero”; y es que es muy propio del ser humano sentir esta dualidad muy dentro. Es la lucha de todos los días por elegir lo bueno, lo que nos plenifica, lo que nos lleva a la felicidad verdadera y por dejar de lado lo malo, lo que nos promete una felicidad instantánea.

Pero en esta lucha no estamos solos, contamos con la presencia del Aquel que prometió estar en medio de nuestras tribulaciones, y si en nuestra libertad hemos optado por “dejarnos conducir” por el Espíritu, jamás seremos arrastrados.

El gran problema es que muchas veces no hemos optado radicalmente por dejarnos conducir, por un lado confiamos en que el Espíritu nos guiará y conducirá, pero seguimos aferrados a nuestras pequeñas seguridades (¿¡inseguridades?!) y así poco a poco somos arrastrados.

 

[18]

 

Entregar la libertad al Espíritu y dejarse conducir por él, no es perder libertad, sino que es ganar más, ya que, nos dice san Pablo que esto nos hace libres de la Ley… ¿de que ley?... de aquella que esclaviza, el Espíritu incluso nos hace libres de aquellas leyes que nosotros mismos nos inventamos y nos imponemos.

Cuando nos decimos: “yo no puedo”, “no he nacido para esto”, “nunca podre salir de tal o cual dificultad o pecado”, nos estamos poniendo leyes a nosotros mismos, leyes que terminan amarrándonos y arrastrándonos. El Espíritu nos libera de esto.

También en este sentido podemos añadir aquellas pequeñas leyes que nos vienen de afuera: “siempre se hizo así”, “esto ya no tiene remedio”, “así es la vida” y cosas por el estilo que se convierten en leyes y nos arrastran.

Este Espíritu no solo nos libera, sino que también nos anima; cuando mas nos dejemos guiar por él, mas plena será nuestra libertad y nuestra felicidad, y nuestros ojos cada vez serán mas capaces de aceptar sobre ellos todo el Sol de Dios.

Quien simplemente cumple la ley, transita un camino conocido y seguro, sin muchos sobresaltos, porque solo cumple las normas que ya están preestablecidas. Quien es animado por el Espíritu, o quien “se anima a dejarse conducir por el Espíritu”, recorre muchas veces caminos inexplorados. No sabemos por donde nos lleva el Espíritu, pero tenemos la seguridad de que nuestros pies están sobre la Roca Firme que es Cristo

 


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar

 

 
 

Recursos | Meditaciones Biblicas | Encuentros | Para Pensar | Dinámicas | SembrARTE ::: Novedades | Editorial | Producciones | Links ::: HOME

Evangelizando la red desde el 7 de agosto de 2002
e-mail: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar /// MSN: martindanielgonzalez@hotmail.com