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Lucas 1, 46b - 55
[46b-47]
La primera reacción de María ante todo lo que sucedía fue alabar y glorificar a Dios; todavía las cosas no estaban muy claras para ella, los designios de Dios se irían manifestando lentamente, como nos ocurre todos nosotros, pero María sentía en su corazón la seguridad que brota de haber dicho que SI al Señor.
La alegría de María se hace canto, y canto de alabanza a la grandeza del Señor, pero no es solo un canto espiritualista que en el fondo no toca la vida, sino que María se estremece de gozo, todo su ser queda lleno de la grandeza del Señor, y en María esto es literalmente así ya que su ser queda fecundo y su vientre lleva al mismo Dios, a la grandeza misma.
Y para nosotros cabría una pregunta: ¿Reconocemos realmente la grandeza de Dios al contemplar sus obras? ¿Sabemos reconocer lo que nuestro Salvador hace en nosotros?
[48a]
Muchas veces pensamos que “merecemos” lo que Dios nos da y que por ello no debemos ser agradecidos con él, pero nadie es merecedor por más buenas obras que realice de los beneficios de Dios; ni siquiera María “merecía” tan gran don… y ella era consciente de ello, por eso canta: “miró con bondad mi pequeñez”
Dios es el Dios “gratuito”, cuando reparte sus dones, los da sin pedir nada a cambio… Dios no reclama nada a cambio, ni siquiera nuestro amor, ya que nos ha hecho totalmente libres y podemos elegir amarlo o no.
Dios no eligió a una mujer de la clase alta de alguna ciudad importante, sino que se eligió para nacer a esta “pobre niña de Nazaret”, porque ya desde ese momento quiere mostrarnos su predilección por los oprimidos y los olvidados.
Dios no desprecia la pobreza, la marginalidad, ni el ser mujer de María, sino que al contrario muestra su amor eligiéndola como el “Arca de la Nueva Alianza”
[48b-49]
María es feliz, no solo por la elección de Dios, sino también por su si, por su corazón disponible al llamado y a la propuesta de Dios.
Mucha gente en nuestros días no vive feliz por no responder afirmativamente al llamado de Dios. Y es que responder a Dios significa embarcarnos en una aventura que no sabemos bien por donde va a transcurrir, pero si debemos tener la seguridad de que sabemos donde termina… en las manos de Dios, en nuestra felicidad eterna.
María creyó, se arriesgó, y por ello es ahora al “mujer feliz” que canta la grandeza de su Dios; ella no se guarda su felicidad, sino que la comparte con todos porque sabe, en su humildad, que todo lo que hay en ella viene de Dios, de ese Dios en el cual todo su pueblo esperaba y sabe que ¡su Nombre es Santo!
[50]
Este Dios que hace maravillas en María, las hace también en su pueblo, por eso María ve y canta el inicio del cumplimiento de las expectativas mesiánicas del pueblo; pero el mesías salvador no vendrá por meritos de nadie, sino porque su misericordia se extiende de generación en generación. El canto de María no concibe a un Dios enojado o vengativo con el hombre “de generación en generación”, ni un Dios que castiga en los hijos los pecados de los padres, sino un Dios que eternamente guarda misericordia con los que ama, buenos y malos, ricos y pobres, creyentes y ateos.
El Dios en el cual creían los jefes de Israel, era el dios que los hacía cada vez mas ricos sin importar cuanta sangre y vida fuera derramada para ello, era el dios de los ritos, que bendecía a quienes podían cumplirlos y maldecía a quienes no.
El Dios en el cual creía y esperaba María es este Dios de los pobres, el Dios bueno que quiere el bien y la felicidad de todos sus hijos.
[51-53]
Por eso este Dios viene a poner orden en las cosas y entre los hermanos, pero no un orden de justicia puramente humana, sino de una justicia regida por el amor.
El Dios que viene a poner justicia es el Dios-Amor, el Dios-Libertador, por eso este Dios no elimina, no mata a todos los poderosos y opresores, sino que solo los dispersa y los derriba, porque la gloria de Dios es que “el hombre se convierta y viva”. Este Dios no viene a derribar a los poderosos y a poner a los pobres en su lugar, sino que viene a instaurar un Reino de hermanos en el amor. Los soberbios y los poderosos son derribados y los humildes elevados para que todos podamos reconocer que ante Dios somos todos hermanos, hijos del mismo Padre.
Estas desigualdades son las que provocan el reto de los males, el hambre, la exclusión, la pobreza… al revelarse el Reino del Amor, los ricos comparten sus bienes y los hambrientos son colmados.
El mesías que viene en el vientre de María es quien, con su existencia, nos revelará el corazón de este Dios al que le canta agradecida aquella mujer humilde a quien Dios quiso mirar.
[54-55]
El canto de María, es el canto de un corazón que no puede expresar de otro modo la alegría que siente. Es el canto de quien se siente abandonado y de repente tiene la certeza de que Dios esta allí, siempre presente y cuidándolo.
El pueblo pobre, abandonado, oprimido, experimenta también el abandono de Dios; pero María, con el niño que lleva en sus entrañas, grita al mundo que Dios es Fiel y que nunca se olvida de su alianza. El Dios de Israel viene a cumplir su promesa y a declarar el “Tiempo de Gracia”
Cada uno de nosotros debe convertirse en profeta de las maravillas que el Señor obra en nuestras vidas, para que así todas las generaciones nos llamen FELIZ.
