El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 

 

Lucas 2, 40 - 52


[40]

Cuando Dios desciende para estar con los hombres haciéndose uno de ellos, no lo hace al modo de los dioses de los mitos griegos que llegaban a la tierra ya como hombres grandes y con el poder para hacer lo que se les antojaba, sino que lo hace respetando y “atándose” a las leyes de crecimiento que el mismo había puesto a los hombres. Es decir se encarna en María, es un embrión, un feto cada vez más grande hasta que le llega el tiempo y luego crece como un niño normal de su época.
De una forma mas poética nos lo dirá el P. Eduardo Meana en una de sus canciones que me atrevo aquí a transcribir: “Oh! Dios que te has atado con las cuerdas del tiempo, a nuestras coordenadas a nuestros ritmos lentos, al devenir incierto de nuestro aprendizaje, al rio irregular de nuestro crecimiento…” Que hermosa manera de describir la “encarnación total” de este Cristo que asume toda nuestra naturaleza humana.
Jesús se crió como cualquiera de nuestros niños, en una familia pobre, de trabajadores, una familia que ya con el niño muy pequeño tuvo que cambiar de país y vivir oculta por una persecución política. Allí creció en sabiduría y gracia de la mano de sus padres que lo que más tenían para darle se lo dieron… Amor.

[41-42]

También en esta familia, el niño Jesús aprendió las tradiciones de su pueblo y las prescripciones de su religión. ¿Quiénes se las enseñaron? Sus padres, ellos le irían mostrando, con sus actitudes mas que con palabras, como era el culto a su Dios; y por eso cuando Jesús ya es un poco mayor y capaz de entender las cosas que hace lo llevan a cumplir con su “obligación” de ir a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
Imagínense a Jesús en este viaje… la alegría por salir por primera vez de su pueblito de Nazaret e ir a la “gran ciudad”, Jerusalén, y no solo la ciudad, sino también el viaje. Que experiencia nueva para un chico entrando en la adolescencia hacer este viaje que duraba varios días con mucha gente más de Nazaret que también iba a Jerusalén.

[43-45]

Intentemos imaginar Jerusalén en tiempo de Pascua, podría servir imaginar alguna de nuestras ciudades más turísticas en tiempo de vacaciones. Turistas por todos lados, con ellos sus niños, cada quien con su medio de movilidad (sus animales en este caso) y además, donde hay turistas hay vendedores, y hay hospedajes y mucho movimiento. Ese era el aspecto de Jerusalén en ese tiempo.
Así como todos los de Nazaret habían llegado juntos y fueron al templo, así también era el regreso. Pero detengámonos aquí. En ningún lugar del relato nos dice que Jesús se haya perdido! Lo que nos dice el texto es “Jesús permaneció en Jerusalén…” Hay una gran diferencia entre perderse y quedarse en un lugar, si nos perdemos, desesperadamente buscaremos como volver, pero si nos quedamos estamos tranquilos porque sabemos donde estamos.
Jesús no se desespera en Jerusalén ¿Por qué? Porque ha encontrado algo muy interesante que no encontraba en su pueblito: hombres que, sabiamente, hablan de Dios. Imaginemos a Jesús como un adolescente de nuestro tiempo, lleno de preguntas y en busca de respuestas. Con toda seguridad son estas las que les hacia a los doctores de la ley.
Jesús, en el culmen de la Encarnación, tiene que aprender quien es Dios y quien es el Mesías esperado.

[46-52]

Así como Jesús tuvo que ir aprendiendo lentamente a ser hijo, sus padres también fueron aprendiendo, con algunos sustos como este, a ser padres.
Todo esto no esta muy lejos de la realidad de nuestros días, hay padres que se desesperan ante el crecimiento de sus hijos y les cuesta tanto crecer junto a ellos. Muchas veces durante la adolescencia de los hijos se producen grandes crisis ya que los chicos tienen preguntas para las cuales los padres no han elaborado aun respuestas.
Tantos casos de adolescentes que huyen de sus casas porque “sus padres no los entienden”; en Jesús tenemos también el modelo de adolescentes, aunque sus padres “no entendieron lo que les decía”, él volvió y vivió con ellos en Nazaret. Y por el otro lado de la familia, aunque María no entendía a su hijo, guardaba estas cosas en su corazón.
La sagrada familia es modelo de crecimiento en las relaciones, cada uno da tiempo y comprende al otro, pero busca dentro de si las respuestas que debe dar a la voluntad de Dios.

 

 


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar

 

 
 

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