El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 

 

Lucas 23, 8 - 12


[8]

Herodes se alegra mucho de ver a Jesús, porque quiere que obre para él alguna de esas “grandes cosas” que había oído de él. Herodes es el rey, y esta habituado a que todos hagan cosas para agradarlo, y cree que Jesús, con tal de salvar su vida, se convertirá en un bufón más de su corte.
La alegría que siente Herodes al ver a Jesús no puede compararse con la alegría que experimenta el ciego de Jericó cuando logra “ver” a Jesús. El ciego primero vio a Jesús con su corazón, con los ojos de la fe, y esto le permitió ver el prodigio de Dios en su vida, en cambio el rey puede ver con sus ojos a Jesús, pero no puede reconocer en ese hombre maltratado al Hijo de David, al Rey.
Cuantas veces tenemos a Jesús frente a nuestros ojos y no logramos reconocerlo porque esperamos de él grandes prodigios. En los pobres, los explotados, excluidos y abandonados, en los presos y los enfermos… allí esta el mismo Jesús, sin prodigios, sin palabras pero presente realmente.
Mucha gente de nuestro tiempo tiene ese deseo como Herodes de “ver a Jesús”, pero ¿a que Jesús?, ¿a ese que hemos inventado en nuestra mente?, ¿o al Cristo real y actuante en la historia?

[9]

Herodes es el prototipo del hombre moderno, lleno de preguntas pero sin mucha intención de escuchar respuestas. Muchas veces preguntamos a Dios, pero nunca nos callamos para oír sus respuestas, o simplemente oímos en nuestro corazón las respuestas, pero al no ser lo que esperamos nos hacemos los “sordos”.
La vida de Jesús es la Gran Respuesta que busca Herodes, la tiene ante sus ojos pero se ha negado a si mismo la posibilidad de verla. Muy en el fondo, Herodes tiene miedo a la verdad de Cristo. Es el rey frente al Rey (con mayúsculas) y esto lo pone nervioso, tiene miedo a la verdad, pero también tiene miedo al pueblo, entonces decide desoír la voz de su interior y callarla con las mil voces que lo rodean.
En nuestra vida diaria nos aturdimos, muchas veces innecesariamente, con mil voces, entonces: ¿Cómo oír las respuestas que pedimos a Dios? Y si las oímos ¿Cómo arriesgarnos en medio de tantas presiones?

[10-11]

En este “proceso” ante Herodes, son los sumos sacerdotes y los escribas quienes presionan porque saben que esta “causa” de Jesús no les conviene, son movidos por intereses mezquinos y egoístas ya que Jesús comenzaba a desarmar las estructuras de injusticia y opresión que tan cuidadosamente ellos armaron “en nombre de la Ley de Dios”
En nuestro tiempo mucha gente rechaza a Jesús porque sabe que su mensaje de justicia y amor va en contra de las estructuras injustas que muchas veces creamos. Seguir a Cristo representa la “obligación de renunciar a toda estructura de opresión. Algunas veces parcializamos el mensaje de Cristo y lo convertimos solo en una “doctrina espiritual” que solo genera exigencias superficiales que no tocan la vida, en esas ocasiones nos convertimos en sumos sacerdotes y escribas” en medio de un juicio a Jesús.
Ocurre con relativa frecuencia en nuestro tiempo que los que tienen el poder, ya sea económico, político o el “poder de la comunicación”, desautorizan y acusan a todos aquellos que, con su vida,  cuestionen sus modelos de opresión, llegando al extremo muchas veces de “borrarlos del mapa”. Y así, se ridiculizan las obras de caridad, se cuestionan y se enturbian los proyectos de promoción humana, se silencian las denuncias proféticas con otros acontecimientos magníficos, se compran falsos testimonios o se inventan escándalos.
Aquel que se decide seguir a Cristo, no puede esperar que lo traten distinto a su maestro, porque quien coherentemente sigue las huellas de Jesús se encontrará sin duda alguna siguiendo el “rastro” de la cruz.
Si llevamos nuestra vida cristiana con fidelidad nos exponemos a las burlas de aquellos que siguen los caminos del “mundo”, si elegimos ser honrados en lugar de ser corruptos, el mundo nos mirará extrañamente y seremos causa de conflicto. Si elegimos denunciar las estructuras injustas en lugar de callarnos, hallaremos en seguida quienes nos persigan y nos calumnien, pero en ese camino, difícil pero hermoso, encontraremos también la felicidad.

[12]

Herodes pidió a Jesús que realizara algún prodigio frente a él, aunque sea uno pequeño, y Jesús se negó siquiera a dirigirle la palabra; pero san Lucas concluye hermosamente este texto evangélico diciendo que desde ese día Herodes y Pilato volvieron a ser amigos.
Este es el gran prodigio que realizó Jesús para Herodes… el milagro de la Amistad. Sin palabras, sin esplendor, y sin buscar por este milagro apartarse del camino de la voluntad del Padre.
Herodes y Pilato son los que condenaron a Jesús a muerte, y este, en lugar de odiarlos o rechazarlos, los hace el regalo más grande del mundo: les regala la amistad.
Que bueno sería que al llegar a los momentos de dificultad y de tribulación nos acordemos de dar gracias a Dios por los amigos que nos acompañan en el camino y que hacen más liviano el peso de nuestra cruz.

 

 

 


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar

 

 
 

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