Marcos 3, 13 - 15
[13a]
Que Marcos nos cuente que Jesús subió a la montaña para llamar a los doce no es un dato menor. La montaña es, en la Escritura, el lugar de encuentro con Dios. Todos los profetas debieron hacer en su vida ese camino de subir al monte a encontrarse con Dios.
Pero el Jesús, el subir al monte no es solo un signo, sino que es el lugar donde él siempre iba a orar, esto nos quiere decir que antes de llamar a los apóstoles, Jesús pasó un buen rato en oración con su Padre Dios para discernir su voluntad.
En nuestra vida, nosotros deberíamos tener siempre esta misma actitud de Jesús (si queremos ser sus discípulos) y orar ante los acontecimientos de nuestra vida, los pequeños y los grandes, ente todo pedir que Dios nos manifieste su voluntad que, sin lugar a dudas, es lo mejor para cada momento.
Y sigue Marcos diciéndonos que llamo a su lado a “los que quiso”, Jesús no se puso a observar entre todos los que lo seguían a aquellos tuviesen los mejores vestidos, ni aquellos que fuesen instruidos y sabios… eligió “a los que quiso”, porque no miró las apariencias sino el corazón.
Hoy sigue pasando lo mismo con nosotros, Dios llama a todos, pero elige a algunos para una misión particular, pero elige “a los que quiere”, no elige a los mas capaces, ni a los mas inteligentes, ni a los mas “religiosos”, sino a los que quiere, y los capacita para amar sin limites a los demás
[13b]
Y la respuesta de los llamados en este caso no se hace esperar, inmediatamente fueron tras él, y es que cuando el llamado del Señor suena en el corazón, lo sentimos con tanto amor que se hace casi irresistible, pero ojo, digo “casi”, ya que aunque sea Dios quien llame podemos decir que no. El don más grande que Dios dio a la humanidad es la libertad, y no es él quien nos la va a quitar; tal vez nos hagamos esclavos de muchas cosas más, pero Dios no nos quitará nunca ese don preciado que nos dio.
Para ir hacia Jesús como lo hicieron los doce, no basta solo con conocerlo, hay que amarlo… hay que querer caminar tras él, hay que estar dispuesto a dejar todo lo que nos amarra y nos impida seguirlo, hay que descubrir en el una fuerza que imperiosamente nos atrae.
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Jesús instituye a los doce solamente para dos cosas: estar con él y predicar, ambas se implican mutuamente y dependen una de la otra. ¿Qué predicar sino a Jesús? ¿Qué Jesús si no estamos con él?
Anunciar a Cristo implica necesariamente conocerlo, , pero no solo conocerlo de vista como conocemos a los famosos de la tele, sino conocerlo profundamente como conocemos a nuestros amigos o a nuestros hermanos con quienes compartimos la vida. Por eso Jesús llama primero para tener una experiencia con él, “estar con él” y luego de ver como vive, lo que hace, “lo que no hace”, recién salir y anunciar su nombre a los demás. Si no conocemos a Jesús, el anuncio que haremos será meramente intelectual, y al no haber pasado por nuestro corazón, tampoco llegará al corazón de los demás.
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Evidentemente lo que más asombró a Marcos de la persona de Jesús, fue el poder expulsar demonios, ya que aquí lo presenta como lo mas grande que también pueden hacer los doce. Y es que los apóstoles están llamados a imitar al maestro, pero les dirá también Jesús que “harán cosas mayores”
Expulsar demonios es luchar contra el mal. En nuestra sociedad los cristianos, seguidores de Jesús, estamos llamados a luchar por el bien y la justicia, esto es a expulsar de nuestras vidas y de nuestros ambientes al “demonio” de la discordia, de la discusión, de la discriminación, al gran demonio de la injusticia que genera exclusión…
Nosotros, cristianos, estamos llamados a anunciar a Jesús en los ambientes en los que no vemos fructificar su amor. Pero para ello debemos tener primero nosotros la experiencia profunda de “estar con él”
¡Somos llamados y elegidos…! ¿Respondemos yendo hacia él?
Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar