El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 

 

Mateo 2, 1 - 12


[1-2]

En el mundo son muchas las personas que aun no conocen al Señor y no creen en él; algunos por que se han negado a oír el anuncio y han cerrado sus oídos, pero otros, muchos en este mundo, buscan la Verdad en medio del ruido que aturde con pseudo-verdades y dificulta el encuentro con Dios que es la Verdad.
Estos magos del oriente que hoy llegan a Jerusalén, son los hombres y mujeres de nuestro tiempo que van de un lugar a otro buscando alguien que les responda su pregunta: “¿Dónde esta el Rey…?” porque hay muchas señales en el mundo que guían a aquellos que, con buena voluntad, buscan al Dios y Rey de sus vidas.
Los magos de oriente hicieron un largo camino para llegar allí, y lo hicieron siguiendo una estrella, un signo en el cielo, una luz de esperanza. Seguramente en otras oportunidades habrán confiado en otros signos y no hallaron nada, porque el camino del que busca con sincero corazón es así; pero algo les decía que esta vez la estrella los guiaría y se lanzaron a la “aventura” de encontrar a Dios para adorarlo. ¡Cuántas veces en nuestra vida cuando vemos un signo, nos perdemos lo que hay detrás de el por no arriesgarnos!, cuántas veces por no aventurarnos a seguir lo que nos dicta nuestro corazón nos perdemos las cosas hermosas que Dios nos tiene preparadas. Si vemos su estrella, aunque estemos en Oriente, aventurémonos tras ella… allí estará Jesús.

[3-8]

A lo largo de este camino de búsqueda de Dios, muchos serán quienes intentarán darnos respuestas, verdaderas o falsas, a nuestra pregunta: “¿Dónde está…?” Algunos acertarán sus respuestas, otros no… lo mas importante es que nunca perdamos de vista “la estrella”, esa primera motivación que encontramos para buscar a Dios.
Los magos se encontraron con Herodes y este les dio un dato cierto: “Está en Belén…” pero su intención no era buena, sus palabras ocultaban detrás de una verdad sus perversas intenciones. En nuestra vida podemos encontrarnos muchos “Herodes”, ante ellos es muy válido el consejo de Jesús: “Hagan lo que ellos dicen, pero no lo que hacen…”

[9-10]

¡Qué alegría da al corazón humano saber que va por el buen camino!
Siguiendo las instrucciones de Herodes, los magos marcharon hacia Belén, el texto no lo dice, pero evidentemente la estrella no siempre estaba al alcance de su vista; esto es un claro signo de la vida del que busca, muchas veces el camino es totalmente seguro porque vemos los signos y los seguimos, pero otras veces no hay signos que nos demuestren que vamos bien y allí solo confiamos en lo que nos dicte nuestro corazón y seguimos adelante. No podemos quedarnos quietos y parados hasta que aparezca el próximo signo y nos de un empujón, el camino debe seguir… aunque a oscuras.
Los magos se llenaron de una alegría inmensa al ver “nuevamente” a esta estrella que confirmaba que sus pasos estaban bien. Y la estrella se detuvo indicándoles que allí estaba lo que tanto habían recorrido buscando, y su corazón se llenó de la certeza de saber que allí estaba el “Rey Buscado”.

[11]

El premio, el logro, la dicha del que busca, es encontrar. Estos magos se lanzaron desde muy lejos en la búsqueda de alguien que no conocían, con signos de los cuales no tenían una certeza absoluta, pero encontraron, y al encontrar lo que buscaban “descansan a sus pies”.
Seguramente los magos salieron pensando encontrar al Rey en un palacio, encontrar a un rey fuerte ya maduro y crecido, rodeado de toda su cohorte y adornado con los mejores vestidos; en cambio al encontrar a este niño pequeño y débil, nacido en un establo, rodeado de animales y envuelto en pañales, tuvieron la certeza de que hallaron lo que estaban buscando. Porque el que busca con sincero corazón sabe cuando llegó a su meta aunque no la haya conocido de antemano.

[12]

Aquel que encuentra lo que busca, aquel que se encuentra con el Rey alcanza en su vida un nuevo sentido, toda su vida anterior adquiere una nueva luz y comprende que ese era “su camino” hacia Dios; y también toda su vida futura adquiere un nuevo sentido.
Por esto los magos ya no regresaron por el mismo camino, sus vidas han cambiado y su camino es un camino nuevo. Todo en ellos cambia porque han encontrado al Rey niño y lo han “adoptado” en sus vidas.
Nuestras vidas cambiarán de sentido cuando, encontrando al Dios-niño, lo llevemos a nuestra historia y transitemos con él nuestro camino.

 

 


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar

 

 
 

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