Mateo 6, 25 - 34
[25]
Jesús nos presenta en este texto de manos de Mateo, toda una manera de enfrentarnos a la vida, y para ello nos hace responder a nosotros mismos sobre el valor de las cosas. ¿Qué vale más? ¿La vida o la comida? ¿El cuerpo o el vestido?... por supuesto que cualquiera de nosotros contestaría que la vida y el cuerpo son mucho mas valiosos que la comida y el vestido.
Pero muchas veces, aunque en la teoría tengamos estos conceptos muy claros, luego en la práctica obramos al revés sin confiar en que Dios se ocupará de nosotros.
Todo el resto del pasaje bíblico es una gran respuesta a esta pregunta, y de una u otra manera quiere hacernos comprender, no tanto con la mente sino con el corazón, que Dios es un Padre bueno y providente que nunca se olvida de sus hijos.
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Aparece aquí el primero de los ejemplos que nos pone Jesús: los pájaros. Cualquiera que haya observado, aunque sea un instante, a un ave, se da cuenta de la “debilidad” de su ser, después de una tormenta, es muy común encontrar nidos de aves destrozados, sus pichones muertos y otras aves grandes también, pero no solo en la vida silvestre, si alguna vez hemos tenido un par de pájaros en una jaula, tenemos la experiencia de que si han vivido mucho tiempo juntos, al morir uno, por lo general, al tiempo, muere también el otro. Muchas cosas más podrías decir de los pájaros, pero por ahora eso basta. Si a estos pequeños animales débiles Dios no les hace faltar la comida… ¿nos la hará faltar a nosotros?
Nosotros tenemos una dignidad mayor que toda la creación, y por ello también una responsabilidad mayor, pues somos Hijos de Dios, y por eso nuestro Padre no nos dejará faltar el fan cotidiano.
En otro pasaje Jesús admira una cualidad de un ave y nos dice: “sean… sencillos como la paloma”. Por eso, para recibir aquello que Dios quiere darnos como alimento debemos ser sencillos y además ser generosos con los demás ya que Dios manifiesta su providencia a través de nuestras manos… ¿Qué? ¿Cómo?... Si, la palabra no dice que por esta providencia las cosas caerán del cielo, sino que cada uno de nosotros, Hijos del mismo Dios, debe transformarse en mediador de la providencia.
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Luego de recordarnos lo importantes que somos para Dios, Jesús también nos recuerda que nuestra vida es también limitada como la de los pájaros; pero esto no es para que nos desesperemos y comencemos a “gritar al cielo” por la vida que se acaba, sino que es solo un recuerdo de que esta vida no es la definitiva y que no vale la pena acumular bienes que luego no llevaremos con nosotros. Los pájaros no acumulan en graneros, sino que juntan lo que necesitan para vivir, entonces, ¿Por qué acumular bienes que otros necesitan para vivir? ¿Por qué no ser mensajeros de la providencia de Dios para los demás? ¿o acaso con lo que juntamos podemos añadir un instante de tiempo a nuestra vida?
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Aparece luego el segundo de los ejemplos: los lirios del campo. ¡Qué hermoso ver esos campos cubiertos de flores! Los lirios del campo de los que nos habla este texto evangélico son flores muy simples, pero muy hermosas, pero como muchas flores, solo duran “lo que un soplo”. Las flores que hoy admiramos pueden mañana amanecer marchitas y secarse. Jesús resalta mucho más aun la belleza de estas flores porque dice que ni Salomón en todo su esplendor se vistió con tanta hermosura.
Pero a pesar de toda su belleza, estas flores están hoy, y mañana ya no estarán, pero aún así Dios se ocupa de darles bellos colores y fragancias. Entonces cuanto mas se ocupará de vestirnos a nosotros que somos sus hijos; sería como si un padre o una madre llenara de ropas a las muñecas que tiene de juguete su hija, pero a ella la tuviera sin ropa y pasando frio… ¿difícil no?... pero aún si esto ocurriera, Dios, que es el Padre Bueno, nunca dejaría desamparados a sus hijos.
Una vez más lo que dijimos con la comida, presta tus manos a Dios para ser canal por donde pase su providencia.
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Ahora se nos recuerda la pregunta y se nos sintetiza la respuesta: “El Padre… sabe bien lo que ustedes las necesitan” So aquellos que no reconocen a Dios como Padre los que se preocupan por estas cosas porque no saben que el padre se las dará.
Somos más importantes que los pájaros y que los lirios porque somos hijos del mismo Padre Dios, y por ser hijos del mismo Padre, somos hermanos entre nosotros. ¿Qué hermano no se preocupa por el bienestar de su otro hermano? El mal hermano… y quien es mal hermano, es mal hijo.
La providencia de Dios se manifiesta por nuestras manos y debe crecer en nuestro corazón. Si ves en el invierno un hombre sin abrigo y no recuerdas que en tu armario hay mucho más de lo que necesitas, no digas que la providencia no existe para ese hombre, di más bien que tú has cerrado la mano de Dios con el egoísmo de tu corazón.
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Creer en la providencia es esperar de Dios lo que necesitamos; pero esta espera no es pasiva, sino que debemos esperar construyendo el Reino, es esperar sin desalentar a los demás, es esperar siendo generosos con lo que si tenemos. Muchas veces no tendremos bienes materiales para compartir con los demás, pero siempre tendremos una palabra para dar, un hombro o un oído para prestar, un abrazo para entregar, si nosotros somos generosos con los hermanos, entonces Dios no dudará en manifestar su providencia hacia los dos.
El Reino de Dios es Amor, donde hay amor entre los hermanos esta Dios, y donde esta Dios se manifiesta su providencia.
Muchos pobres han dejado de creer en Dios y en su providencia porque muchos ricos han olvidado la justicia y el amor y cierran así la mano providente de Dios, muchas veces la providencia ha sido puesta por Dios en manos de los hombres por medio de la justicia, pero en este mundo injusto no llega a los que claman por ella.
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El último versículo de este fragmento que meditamos es una perla de sabiduría, hay muchos libros escritos sobre el tema, muchos poemas y muchos expertos lo hay explicado, pero aunque lo entendamos, parece que en la práctica todas las teorías se nos queman.
Vivimos preocupándonos por el mañana, y por eso acumulamos cosas “para que mañana no falte”, nos preocupamos tanto por el que haremos mañana que nos olvidamos de vivir el hoy. Creemos que “mañana” es la solución de todo: “mañana cambiaré”, “mañana será mejor”, pero llegado el otro día repetimos lo mismo y volvemos a esperar sin saber que lo que no realizamos hoy no lo haremos nunca.
Dejemos el mañana en manos de Aquel que es Señor de la historia y del tiempo y vivamos en el hoy abriendo la mano del Dios providente a nuestros hermanos.
Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar