El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 

 

Romanos 12, 9 - 12


[9]

Comienza Pablo estos versículos diciendo: “Amen con sinceridad”, esto es otra manera de decir “amen de verdad”, si nos hubiera dicho simplemente “amen” ya sería suficiente, ya que un amor no-sincero no es amor, pero Pablo se empeña en resaltar esto frente a una sociedad (la actual) donde cada vez mas la palabra amor se utiliza en muchos sentidos; se habla de amor a una persona, a una mascota, a un automóvil, a un deporte, a una pareja… a muchas parejas, y así a incontables cosas mas, pero este amor al que nos refiere Pablo es solo el Amor al Hermano.
Este amor es el que nos hace evitar el mal y buscar el bien, o, más radicalmente aun, “horrorizarnos” por el mal y “apasionarnos” por el bien. Quien se horroriza por algo intenta evitarlo a toda costa y previene a los demás sobre ello; así debemos ser nosotros: esforzarnos denodadamente por evitar todo lo que pueda resultar en mal para los demás, para mi o para el mundo que me rodea, y, por el contrario, ser un “apasionado por el bien”. El que tiene una pasión por algo hace todo lo que este a su alcance por esa pasión, pues bien, los que seguimos a Cristo nos vemos en la necesidad de ser apasionados por el bien y hacer todo lo que este en nuestras posibilidades por hacerlo.

[10]

Ya Jesús en su caminar histórico entre nosotros nos había recordado que amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos es el resumen de la ley. Evidentemente Pablo en su experiencia con Jesús resucitado aprendió lo mismo ya que nos pide amarnos cordialmente con “amor fraterno”, esto quiere decir que previo al amor está la experiencia de sentirnos hermanos, hermanos en Cristo, hijos de un mismo Padre Dios.
San Pablo es el apóstol apasionado, es el que da la otra mejilla cuando le abofetean una, el que camina dos kilómetros con el que le pide uno y quien da todo lo que tiene a quien le pide su manto, por eso no queda contento con amar a los demás como a si mismo y pide tener a los otros por “mas dignos”. El amor fraterno que predica Pablo es el amor a medida de Cristo que “nos amo hasta el extremo” de dar la vida por nosotros.

[11]

Pareciera que de pronto Pablo se acuerda y nos dice en medio de todo “sirvan al Señor”, pero no, para él el servicio al Señor se realiza plenamente en el amor al hermano, y esto debe hacerse incansablemente y con fervor. El servicio al que Pablo nos invita no se puede realizar solo por una imposición desde afuera, debe partir de un movimiento de nuestra voluntad que es impulsada por el amor, y por este amor nunca nos cansamos de servir; además, para el, el servicio tiene otra característica: es fervoroso y viene del espíritu, no es una actitud desganada como quien debe cumplir una obligación, y tampoco es algo puramente exterior, como quien no se compromete entero, sino que es con fervor de espíritu.
Podemos recordar, en la línea de lo que nos viene diciendo Pablo, las palabras de Jesús: “todo lo que hicieron con estos mis hermanos, a mi me lo hicieron”.

[12]

La alegría, la paciencia y la perseverancia son las tres actitudes principales que nos pide Pablo que tengamos. Alegría por una certeza de fe, por la esperanza de sabernos rescatados por Cristo, una alegría tan profunda que es capaz de vencer cualquier tristeza de este mundo, es la alegría que brota de un corazón que se sabe hijo de un Padre bueno, de un Padre que hace todo con tal de tenernos cerca; que nos da la vida y nos da una mano cuando caemos para levantarnos y caminar a su lado nuevamente. Paciencia en la tribulación,  ya que sabemos que en medio de ella contamos con la ayuda del Señor, no nos olvidemos que aquí quien nos esta hablando de tribulaciones es Pablo, aquel que fue encarcelado tantas veces, paso hambre y sed, desprecio, persecuciones y muchas cosas mas, él, en medio de sus tribulaciones, fue paciente y así conquistó la “corona de gloria”; muchas veces, en medio de las dificultades, lo primero que perdemos es la paciencia (o la ciencia de la paz), atendamos al consejo de Pablo: “sean pacientes en la tribulación”. Tanto la alegría como la paciencia se conquistan y se sostienen si somos “perseverantes en la oración”, no porque Dios necesite que le recordemos a cada momento lo que necesitamos, sino porque nosotros necesitamos recordar (hacer pasar por el corazón) a cada momento que tenemos un Dios que nos acompaña en el camino.
Solo así nuestra vida cristiana se irá asemejando cada vez mas a Aquel que desde su experiencia en el camino de Damasco cristificó su vida y la entregó por entero al Señor.

 


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar

 

 
 

Recursos | Meditaciones Biblicas | Encuentros | Para Pensar | Dinámicas | SembrARTE ::: Novedades | Editorial | Producciones | Links ::: HOME

Evangelizando la red desde el 7 de agosto de 2002
e-mail: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar /// MSN: martindanielgonzalez@hotmail.com