El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 

 

Salmo 139, 1 - 5


[1]

 

No se puede amar lo que no se conoce. Dios nos conoce mas que nadie y por eso nos ama mas que nadie; en otro lugar de la Escritura nos dirá que ni un cabello cae de nuestra cabeza sin que Dios lo sepa. Pero este conocimiento de Dios es mucho mas profundo, no es solo un conocimiento exterior, sino que Él nos sondea, o sea, ve lo que a simple vista no se ve; lo que se oculta a la vista de los demás, no esta oculto para Dios, aquellas cosas en nuestro corazón, esas que a veces ni siquiera nosotros comprendemos, no se esconden al Dios-luz que esta allí; y porque conoce lo que tenemos dentro y de que estamos hechos, nos ama.

 

[2]

 

El salmista no quiere dejar en nosotros la imagen de un Dios “controlador”, sino mas bien quiere presentarnos a un Dios que se ocupa hasta de las cosas que a nosotros no parecen pequeñeces. Nosotros vivimos, nos movemos, respiramos, y muchas veces no lo hacemos de una manera conciente, pero Dios es quien, por estas cosas, nos mantiene en el ser; dirá el salmista en otro pasaje: “les quitas tu aliento y mueren”

 

[3]

 

Ni siquiera eso mas íntimo, nuestros pensamientos, están ocultos a Dios. Nuestros sueños, nuestros proyectos no le resultan desconocidos. Y es que aquel anhelo profundo de felicidad que alberga nuestro corazón, que a veces lo pensamos, pero lo pensamos imposible, fue puesto allí por el mismo creador, y si estamos atentos él mismo pondrá los medios para que ese anhelo se cumpla. Dios nos quiere bien… nos quiere felices.

 

[4]

 

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, ha transitado nuestros caminos; desde la Encarnación, nada de lo humano es extraño a Dios, Jesús conoce en su propia carne los caminos del hombre. Conoce el cansancio de una tarde de trabajo y conoce el descanso del sueño incluso en una barca en medio de la tempestad. Conoce el cansancio de largos caminos y también el descanso de un poco de agua de manos de una samaritana.

Que gran misterio, que magnifico designio tener un Dios que se abaja hasta nosotros para que nuestros pasos le sean familiares. Que grandeza la de un Dios que se cansa con nosotros y luego nos sienta a la mesa donde nos sirve y parte para nosotros el pan que renueva nuestras fuerzas, calma nuestras tempestades y sacia nuestra sed.

 

[5]

 

Pronunciamos a lo largo de nuestro día millones de palabras, muchas veces sin medir lo que decimos, muchas veces sin pensar y sin ser concientes de que, por nuestra libertad, lo que decimos puede herir o curar, puede construir o destruir. Ojala pudiéramos seguir el consejo de Pablo: “no salga de su boca palabra desedificante”

Dios también ha abierto sus labios y ha dicho su mas grande Palabra: JESUS; y esta Palabra debe ser la medida de nuestras palabras.

 


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar

 

 
 

Recursos | Meditaciones Biblicas | Encuentros | Para Pensar | Dinámicas | SembrARTE ::: Novedades | Editorial | Producciones | Links ::: HOME

Evangelizando la red desde el 7 de agosto de 2002
e-mail: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar /// MSN: martindanielgonzalez@hotmail.com