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Reflexiones de Adviento 2005
dom27nov /// 1° Domingo de Adviento /// Mc. 13, 33-37
¡Estén prevenidos!, son las palabras que resonaran en nuestros oídos y corazones a lo largo de todo este Tiempo de Adviento que estamos iniciando en este día. La venida del Señor es una realidad que no podemos negar, pero de la cual no conocemos el tiempo; por ello toda nuestra vida debe ser un “tiempo de espera”. El Adviento nos invita a mover nuestro corazón y nuestra mente a la conversión, a volver nuestra mirada a Dios y clamar “¡Ven, Señor Jesús!”.
La fe es la certeza de las cosas que no vemos… pero que esperamos. En este Adviento somos invitados a renovar nuestra fe desgastadas a lo largo del año, a decir nuevamente a Jesús “basta que digas una palabra…”; y es que la palabra del Señor es una palabra poderosa, que tiene la fuerza necesaria para obrar en nuestras vidas si nosotros se lo permitimos; abramos el corazón y demos al Señor la libertad de transformar nuestras vidas a su imagen.
“¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!” Este tiempo es el tiempo de las nuevas bienaventuranzas, de la felicidad por un acontecimiento que esta mas allá de todo lo que podamos imaginar. Es el tiempo que muchos desearon ver y no lo vieron, no porque no fuera visible, sino porque para verlo hacen falta ojos limpios y luz de la fe. Felices nosotros que podemos prepararnos para ver con nuestros ojos al Dios humilde naciendo en un portal.
mier30nov /// San Andrés, Apóstol /// Mt. 4, 18-22
“Dejaron las redes y lo siguieron”. Seguir a Jesús es una decisión de vida, es un dejar las seguridades anteriores y seguir el designio de Dios; así lo hicieron los magos dejando sus palacios y siguiendo a una estrella, lo hicieron también José y María dejando Nazareth y yendo a Belén, así también los discípulos, dejando sus barcas, redes, familias por seguir a un galileo que caminaba por la orilla. Pregúntate en este día a que seguridades estas aferrado que no te permiten seguir a Jesús.
“La piedra que los constructores rechazaron, es ahora la piedra angular…”. Jesús, aunque en las escenas de su nacimiento nos parezca muy débil, es el mejor lugar para que asentemos nuestra vida. Este tiempo de Adviento, debe servirnos para derribar todas nuestras viejas estructuras construidas sobre arena y cimentar nuestra nueva vida en Jesús, la Roca Firme, para ello debemos dejar que sople sobre nosotros el vendaval del Espíritu Santo u caiga todo aquello mal construido en nosotros.
“Que suceda como ustedes han creído”. Jesús ha venido para que en {el todos tengamos vida, y vida en abundancia, la vida que viene a ofrecernos es plena en todos los sentidos, por eso en este tiempo de espera presentemos al Señor aquello que estamos necesitando, aquello que hace que nuestra vida no sea plena: la falta de luz en nuestros ojos, de paz en nuestro corazón, de claridad en nuestra mente, para que así el día esperado de navidad nos encuentre plenamente vivos.
sab03dic /// Mt. 9, 35 – 10, 1. 6-8
“Han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”. Este es el tiempo de Dar, durante todo el año hemos recibido del Señor muchos dones, él nos ha colmado de bendiciones para que nosotros podamos dárselas a los demás. Pidamos para nosotros el don de la generosidad, para que lo recibido no quede en nuestras manos, sino que se reparta a los demás como hizo Jesús con su misma vida.
dom04dic /// 2° Domingo de Adviento /// Mc. 1, 1-8
El tiempo de Adviento nos debe servir para reconocer en medio de nuestros días los signos de la venida de nuestro salvador que trae el fuego del Espíritu Santo para bautizarnos en él. Debemos en este tiempo preparar el camino (y ayudar a los demás a hacerlo) para que “Aquel que viene” nos encuentre listos para recibirlo. Como Juan Bautista prediquemos con nuestras vidas la conversión y el amor.
“Hoy hemos visto cosas maravillosas”, Todos los días estamos invitados a contemplar la creación con ojos de fe y ver las maravillas que Dios hace en nosotros y en los demás. En este tiempo especialísimo contemplemos al Dios-hecho-hombre, al Dios que realiza los milagros mas grandes con las cosas mas pequeñas, como todos los días con el vino y el pan cuando realiza, por manos de sus sacerdotes, el milagro de transformarlo en su propio cuerpo y sangre.
Adviento: tiempo de reencuentro, tiempo de volver al hogar para disfrutar de la calidez de los seres queridos. Para Dios todo tiempo es propicio para esto, por eso siempre anda buscando a quien se pierde y alegrándose cuando lo halla. Pidamos al Señor en este tiempo, la gracia de ser pastores de nuestros hermanos y compadecernos de los demás, llorar con los que lloran, reír con quienes ríen y para con todos demostrar que el Amor de Dios ha transformado nuestras vidas.
Jesús nos invita a descansar en él, y verdaderamente necesitamos de ello en estos días, días en los cuales corremos de un lado a otro y no encontramos en ninguna parte la paz. Dios nos invita a acercarnos a él para saciar nuestra sed ya que él es la fuente del agua viva. El tiempo de adviento debe servirnos para darnos el tiempo de parar y acercarnos al Dios de la vida.
jue08dic /// Inmaculada Concepción de María /// Lc. 1, 26-38
María es la mujer de la espera, la mujer del Adviento, por eso en este tiempo tenemos muchas cosas que aprender de ella; una de ellas es su entrega confiada, sin comprender mucho el designio del Señor, dice al Ángel: “que se haga en mi según has dicho”; ella nos enseña la grandeza de la confianza en Dios, ese Dios para el cual nada es imposible. María del Adviento, enseñamos a confiarnos en las manos del Padre.
Las manifestaciones de Dios son muy diversas, necesitamos estar despiertos y con los ojos de la fe muy abiertos para poder verlas, así lo pudieron hacer los reyes magos y los pastores, pero no lo pudo hacer el pueblo de Israel con ese Dios que se manifestaba ante sus ojos. Pidamos al Señor ojos limpios para verlo en cada cosa.
Todos estamos llamados a ser profetas de Dios, a anunciar con nuestras palabras y nuestras vidas el Reino del Señor, pero para ello tenemos que ser primero testigos de ese Reino que se manifiesta entre nosotros en las pequeñas cosas. Busquemos contemplar la obra de Dios para luego poder anunciarla con gozo a los demás.
dom11dic /// 3° Domingo de Adviento /// Jn. 1, 6-8. 19-28
Juan es el modelo del hombre del Adviento, en su persona se conjugan las características de aquel que se siente llamado por Dios a una misión que supera ampliamente sus capacidades, pero que confiando en el Don de Dios, se lanza al cumplimiento de la misma. Pidamos en este tiempo ser como Juan, fieles testigos de la presencia de Jesús entre nosotros y anunciemos a todos la conversión y el Amor de Dios.
lun12dic /// Ntra. Sra. de Guadalupe /// Lc. 1, 39-48
Lo que le ocurrió a Isabel en aquel tiempo con la visita de María llevando al niño en su vientre, sigue sucediendo en nuestras vidas a cada momento, aunque nos preguntemos ¿Quién soy yo? Dios viene a nosotros no por lo que seamos ni por lo que tengamos, sino simplemente por que nos ama. Su presencia en nuestras vidas no se compra ni se gana, sino que simplemente se disfruta y se vive.
La vida del cristiano no es cosa solo de muchas palabras, sino mas bien de coherencia entre las palabras y las acciones. El Señor nos pide en este tiempo de adviento que podamos dar una respuesta a su pedido de trabajar en su viña, que no es otra cosa que construir día a día el Reino aquí en la tierra por medio de la oración, el trabajo y el testimonio de una vida comprometida en el servicio a Cristo y a los demás
Los gestos de Jesús muchas veces resultan mucho mas elocuentes que sus mismas palabras. El es por excelencia Aquel que no solo habla de sanación, sino que también la realiza; no solo habla de liberación, sino que libera; no solo anuncia la Buena Nueva, sino que el mismo es la Buena Noticia anunciada a los pobres. Pidamos a Jesús la gracia de ser coherentes en nuestra vida de cristianos.
Es el mismo Jesús que reconoce la grandeza de Juan el Bautista hasta el punto de decir que es mas que un profeta. La mayor grandeza de Juan es ser servidor de Dios sin importar las consecuencias, sin importar que por cumplir la voluntad de Aquel que lo eligió y lo envió tenga que olvidarse de si mismo hasta el punto de perder la propia vida. Pidamos en este día la intercesión de San Juan Bautista.
Una y otra vez se recurre a la figura de Juan poniéndolo como el precursor de Cristo. El predicó, bautizó e hizo todo lo posible para que todos encontraran el camino que lleva a la salvación en Cristo. En el tiempo de Adviento somos invitados a preparar nuestro corazón a la venida del Salvador.
Como cada uno de nosotros, Jesús, el hijo de Dios, viene de una familia, tiene una historia, y en medio de ella nace, crece y descubre su ser de Hijo de Dios. También nosotros somos llamados a descubrir nuestro verdadero ser de Hijos de Dios y Herederos del cielo para que ya desde el “aquí” y el “hoy” vivamos y disfrutemos los beneficios que esta condición nos da.
dom18dic /// 4° Domingo de Adviento /// Lc. 1, 26-38
Escuchar la voz del Señor será nuestro desafío en esta última semana del Adviento. El Señor nos habla por muchos y variados medios, es nuestra misión interpretarlos, con la luz del Espíritu Santo y hacer de la Palabra del Señor la estrella que guíe nuestro caminar de todos los días; abramos los oídos del corazón y estemos atentos a lo que Dios tiene para decirnos en estos días.
Muchas veces nos da un poco de miedo conocer la voluntad del Señor y escuchar sus palabras, pero él mismo nos dice: “no temas”; y es que la Palabra del Señor en nuestras vidas tiende a transformarnos, a cambiar las cosas viejas por otras nuevas en las que El sea el centro y ese proceso de cambio suele traer ciertas complicaciones por nuestra falta de fe, como le pasó a Zacarías ante el anuncio del ángel. Pidamos al Señor la valentía necesaria para aceptar su voluntad en nuestras vidas.
En este tiempo de Adviento debemos pedir con todas nuestras fuerzas al Señor poder escuchar su voz y así conocer su voluntad sobre nuestras vidas. En estos tiempos esta misión de escuchar la voz de Dios se vuelve cada vez mas difícil, ya que estamos rodeados de mil voces que nos dicen que hacer y que decir y de mil ruidos que no quieren que nos encontremos con el sonido de la voz de Dios. Pidamos en este tiempo oídos atentos a la Palabra del Señor.
Ante todo la voluntad del Señor es que nos “amemos los unos a los otros como el mismo nos ha amado”, y esto lo entendió muy bien María, ya que, aun estando embarazada, partió al encuentro de su prima Isabel para ayudarla y servirla. Pero María llevó en su vientre, mas que una ayuda, le llevo la “Ayuda necesaria” ya que en su vientre llevaba al mismo salvados y redentor de la humanidad. En el servicio también nosotros debemos encontrar nuestra salvación.
Dios transforma nuestra vida y también la historia de la humanidad y las convierte a él porque quiere el bien de los hombres, por eso es “digno de todo honor y gloria”. María comprendió desde muy temprano esta dimensión de la obra del Señor, por eso ella es modelo de alabanza a Dios por sus obras de salvación. Miremos a María en estos últimos días del Adviento para que ella nos enseñe a alabar al Señor por las maravillas que obra en nuestras vidas.
Cuando permitimos que Dios obre en nosotros, esto se nota, los que nos rodean se dan cuenta que algo ha cambiado en nuestras vidas y esto los lleva a alabar al Señor por sus grandes obras. Pidamos al Señor que manifieste su gran poder en nuestras vidas para que esto no solo nos lleve a nosotros a reconocer la grandeza del Señor, si que también sirva para manifestar a los ojos de las naciones el gran poder de nuestro Dios.
Son tantas las cosas que Dios hace por nosotros, que muchas veces no encontramos palabras para agradecer al Señor por sus obras; de allí brota la oración de alabanza. Esta oración solo es posible cuando el hombre descubre la inmensidad de Dios y su propia pequeñez; hoy en las vísperas del nacimiento del Dios-pequeño, pidamos al Señor la humildad necesaria para poder alabarlo y adorarlo allí recostado en el pesebre.
dom25dic /// Natividad del Señor /// Lc. 2, 1-14
¡Ha llegado el gran día! ¡Cristo nació! Es el primer gran día de la salvación, el hombre, lentamente, iría encontrando es este niño –Dios la esperanza de la redención definitiva. Con cada navidad debe renovarse en nuestros corazones el deseo de ser como este hombre-Dios ,que nace en el portal de Belén. La humildad, la sencillez, la entrega a la voluntad del Padre… todo esto debe encenderse nuevamente en nosotros como una llama que consume nuestro ser. Pidamos a este Niño-Dios de Belén que cada día seamos más hermanos entre nosotros e Hijos del Padre Dios.
