El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 

 

María y el Nacimiento


N adie se alegra tanto como María al ver al niño llegar, y es que la alegría de traer una nueva vida al mundo es indescriptible, y mas en este caso en que se trae al mundo al mismo autor del mundo y de la vida.

A lo largo de la historia de la humanidad, el nacimiento de Jesús es el acontecimiento que mas se recuerda, hombres y mujeres, ricos y pobres y muchas veces sin interesar su fe, recuerdan de una u otra manera este nacimiento. Es el acontecimiento que marca un antes y un después en la historia de la humanidad.

C uando el niño nace, es María quien nos enseña a mirarlo y a contemplarlo, ya que nuestros ojos se habían vuelto incapaces de ver a Dios, pero ella, por su sencillez, nos muestra el lado humano de Dios.

I mitar a María en esta  sencillez es nuestra tarea de toda la vida, y no pensemos que es algo fácil, o algo a lograr de un día para el otro, es una ardua tarea que exige de nosotros dedicación y esfuerzo, y solo se logra desde la oración constante.

M aría , la Madre del Niño Dios, es quien viene a demostrarnos que es posible engendrar a Jesús en nuestro tiempo y en nuestra sociedad, viene a poner en nuestros corazones la esperanza de que un nuevo nacimiento es posible.

I gual que ayer, hoy María nos presenta a su hijo, pobre y recostado en un pesebre, excluido del resto de los hombres, pero dispuesto a transformar el mundo con su presencia en medio nuestro, nos corresponde a nosotros llegarnos hasta el para gozar de su presencia y adorarlo.

E n medio de nuestros días agitados, la presencia de María en el pesebre, debe ser una invitación a hacernos un tiempo para adorar a Dios hecho niño.

N ada en este tiempo es mas importante que quedarnos delante de Él a gozar de su presencia, de la presencia de este Dios que se hace hombre, y hombre entero, desde la niñez hasta su muerte.

T odo lo humano, desde ese momento, pasa a formar parte de la vida de Dios, y todo gracias al si de Aquella que no se guardó nada de su vida para si, y se entregó a la voluntad de su creador.

O remos a Dios para que nos conceda en esta Navidad, ser testigos de su presencia en medio de la humanidad.

 

 


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar

 

Evangelizando la red desde el 7 de agosto de 2002
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