El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 


Ahora... o nunca


Jesús habló de coronas, habló de su reino y murió en una cruz, ¿en dónde está, pues, el “éxito”?.

El experimentó todas las tentaciones y debilidades, por razón de su semejanza con nosotros, y a pesar de que “lo sabemos” nunca le damos crédito. Analizando esto, podríamos decir que su lucha es semejante en todos sentidos a la nuestra, es decir en algún momento tuvo que ponerse a pensar en su vocación, tomar la decisión de seguir su ruta, dejar las herramientas y volverle la espalda al taller de carpinterí­a y a la familia que Dios su padre le habí­a regalado aquí en la tierra. Nosotros también tomamos ese tipo de decisiones, de hecho siempre tratamos de huir de ellas ya que implican muchos cambios en nosotros.

Ser alguien, sentirse llamado para algo, caminar con un sentido claro en la vida: todo eso y más es vocación. Hay una primera vocación que es la llamada a la vida. Y después una llamada aun más sublime, a vivir como hijo de Dios en su familia que es su iglesia. Y dentro de la iglesia hay muchas vocaciones, muchas llamadas de Dios a desarrollar las mil funciones y servicios que son necesarios en la familia, para bien de todos. Lo importante en la vocación no es lo que uno hace en su vocación concreta, sino cómo lo hace. Dios llama a quien quiere cuando quiere y como quiere. Por tanto nadie tiene ningún mérito por que Dios lo llame para una vocación determinada. Nuestro único mérito estará en cómo realizamos la vocación que hemos recibido. Estamos llamados a desarrollarnos plenamente ya que para eso  hemos sido creados. De hecho Cristo lo entendió así, asumió todos los pro y los contra que acarreaban la misión que tení­a que cumplir, y es tan fácil como esto:

Al ir al monte con sus discí­pulos donde le esperaban sus últimas horas, y sabiendo el cáliz que tení­a que beber, no era demasiado tarde para salvar la vida. Supongamos que hubiera dicho: ”He comunicado el mensaje divino fielmente, pero en vano, Judas ha ido por los soldados; estarán aquí dentro de media hora, ¿por qué he de quedarme para morir? Jericó está cerca, podrí­amos llegar a la casa de nuestro amigo Zaqueo luego cruzar el Jordán y seguir trabajando provechosamente el resto de nuestra vida. Los discípulos pueden pescar; yo puedo abrir un taller de carpintería y seguir enseñando en forma discreta, ¿por qué no?” Todo eso era muy posible. Esa fue una gran tentación y de hecho la decisiva y El la rechazó definitivamente, por que sabí­a que lejos de la voluntad del padre no hallarí­a más que vacíos y su misión habrí­a fracasado  por donde la mirasen. Cumplió a pesar de todo por que entendió que la salvación de todas las generaciones venideras dependían de que el extendiera sus brazos y lo hizo sin titubear por amor a su padre y a la humanidad, a todos y cada uno de los hombres, por ti y por mi, por los que pasaron y por los que vendrán.

 “En los designios de Dios cada hombre esta llamado a desarrollarse, por que toda la vida es una vocación” (Populorum Progressio, # 15).

Buscar el sentido de la propia existencia es una de las más profundas necesidades de toda persona, y es la que se vive en la zona más í­ntima y honda de todo su ser. Cualquier persona se resiste a concluir que su vida sea un “sin sentido” o un “pasar el tiempo” sin dirección alguna. Toda vida es una vocación: una radical llamada de Dios a la realización de toda persona, Y es que nuestro Dios es un padre que tiene un proyecto de salvación para todos los hombres y para cada hombre. Aceptar este hecho, es el punto básico de partida de nuestra religión es decir, de nuestra relación con Dios.

Para comprender mejor esta realidad, vamos a comparar el proyecto del Padre con un gigantesco y magní­fico mosaico con millones de piezas de variados colores, esto me lo dijeron en un retiro y caló tanto en mi que quiero que lo compartas conmigo. La idea es que el mosaico es la alabanza que toda la creación tributa a Dios, El personaje central OBVIAMENTE es Cristo, y cada uno de nosotros estamos llamados a ocupar nuestro sitio concreto dentro de esa maravillosa obra. Si logramos descubrir y ocupar nuestro sitio, estaremos en esa obra reluciendo con todo nuestro brillo y habremos logrado nuestra perfecta realización, de lo contrario, nuestro sitio quedaría vacío y habremos equivocado el planteamiento de nuestra vida.

Por lo tanto esto requiere de todo tu esfuerzo: tienes que ir tallándote conforme vas descubriendo tu vocación, convencerte de que es responsabilidad tuya descubrir y ocupar tu puesto (nadie lo hará por ti), Ahora, te advierto que todo este rollo no es cuestión de “salvación individual”. No puedo pensar mi respuesta al Plan de Dios sin dar respuesta al hombre, a tu hermano: “Nadie puede andar en paz consigo mismo –no tiene siquiera derecho a pretenderlo- mientras no viva mirando a los demás” (Aparisi) Dando respuesta al hombre, das respuesta a Dios.

Ya es tiempo de optar por un estilo de vida que mire sólo a ti mismo o que por el contrario este al servicio de los demás, acuérdate cuando Cristo le lavó los pies a sus apóstoles, Pedro replicó pero tu eres El Señor=El Rey, y Cristo le respondió: “Precisamente por eso Yo he venido a servir y no a ser servido, el que se haga más pequeño será el más grande en el Reino de los Cielos”.

Es el único camino para encontrar la felicidad: “Quien quiera salvar su vida la perderá; pero quien la pierda por Mi y por el evangelio, la salvará” (Mc. 8,35)

Aceptar la vida como vocación es responder a un Dios que ha contado contigo. El es el primer apasionado por ti y por tu felicidad, el es quien te pide que le des tus manos y lo ayudes a trabajar, El es el que te pide tus pies para recorrer los caminos a los que quiere llegar, defraudarlo CREEME ES UN SUICIDIO.

Y Si crees que te estoy hablando de cosas meramente idealistas analiza lo siguiente:

 “Jesús nació pobre, vivió solamente 33 años. No escribió ningún libro, ni ocupó cargos políticos. Predicó la doctrina del amor y la caridad entre los hombres. Murió, condenado a la cruz. Hoy, después de más de dos mil años, más de novecientos millones de personas creen el Él. ¿Estará muerto, cuando a tantos vivos preocupa?

 


Rosa Altamirano

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Evangelizando la red desde el 7 de agosto de 2002

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