El Corazón del hombre


Ante todo, la Palabra…

Jesús llamó a la multitud y le dijo:

- “Escuchen y comprendan. Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella”.

Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron:

- “¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?”.

El les respondió:

- “Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un pozo”.

Pedro, tomando la palabra, le dijo:

- “Explícanos esta parábola”

Jesús le respondió:

- “¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que lo que entra por la boca pasa por el vientre y se elimina en lugares retirados? En cambio, lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que mancha al hombre. Del corazón proceden las malas intenciones, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las difamaciones. Estas son las cosas que hacen impuro al hombre, no el comer sin haberse lavado las manos”.

Este texto evangélico que hemos tomado de Mateo (15, 10-20), podemos confrontarlo con el mencionado en Marcos 7, 14-23 o en Lucas 6, 39.

Escuchamos… escuchamos tantas cosas, noticias, música, chismes, ruidos, y mil cosas más, pero no siempre comprendemos lo que todo eso representa y significa. Jesús se encarga de alertarnos sobre esto en primer lugar, es como si dijera: Escuchen, esto que voy a decir es muy importante ; una señal de alerta se prendió en la mente de los fariseos y de sus discípulos que lo escuchaban. Hoy para nosotros vale la misma aclaración, y no solo para este pasaje de las Escrituras; cada vez que nos enfrentamos con un texto bíblico, debemos “parar oídos” ante la palabra de nuestro Dios. No es una palabra mas la que vamos a oír (o leer), es la misma Palabra de Dios, ¡el Verbo!, ese que sale de la boca de Dios y no vuelve a Él sin antes cumplir su misión.

Entonces, antes de oír la Palabra, detengámonos un momento y preguntémonos con que actitud la vamos a recibir: ¿como los fariseos, buscando el error para condenar a quien la pronuncia; o más bien como los discípulos, buscando la Verdad?

Después de preparar el terreno y asegurarse de que todos estén muy atentos, Jesús lanza su sentencia: “ Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella ”. No esta de mas recordar que para los judíos, ciertos alimentos no podían ingerirse y que los ritos de purificación eran estrictos y obligatorios. Estas reglas se basan en prohibiciones religiosas muy antiguas, en el caso de los animales, se consideraban impuros a aquellos que los paganos consideraban sagrados, o los que, pareciendo al hombre repugnantes o malos, se cree que desagradaban a Dios. Para conocer más sobre este tema podemos leer Levítico 11.

Relata los Hechos de los Apóstoles (10, 9-16) que cierta vez Pedro no quiso comer ciertos alimentos por considerarlos “impuros” y que la voz en la visión le responde por tres veces “ No consideres manchado lo que Dios ha purificado” , esta afirmación hace referencia a la cita del Génesis 1, 31… “ Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno”.

 

Jesús de ninguna manera intenta abolir la ley de la purificación, pero si su intención es posponer la impureza legal a la impureza moral, es decir que mas daño hace al hombre las malas intenciones, los homicidios… que el ingerir alimentos “impuros legalmente”.

Pensemos un poco ahora en nuestra experiencia diaria y recordemos cuanto daño es capaz de hacer el hombre con sus acciones y con sus palabras.

Por supuesto que después de esta afirmación de Jesús, los fariseos se quedaron con la boca abierta, (tanto que hasta los discípulos se dieron cuenta), pero a Jesús esa parte de la historia parece no interesarle mucho, ya que su palabra para ellos es “ déjenlos ”, y vienen luego esas palabras tan duras y ásperas “... si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo” . Dejemos por un momento a los fariseos en su lugar y pensemos un poco en nosotros mismos. Cada uno de los bautizados estamos llamados a guiar a nuestros hermanos al encuentro de nuestro Dios; que triste sería que llevemos a los demás hacia algún pozo por no haber encontrado primero la luz y el camino para nuestras vidas. En nuestras comunidades y en nuestras familias, debemos sacar de la ceguera a los demás, pero no podemos sacar la pelusa del ojo ajeno sin antes sacar la viga del nuestro, así que esta sentencia de Jesús también debe hacernos reflexionar a cada uno de nosotros sobre nuestras cegueras espirituales, muchas veces estamos tan aferrados a las “leyes” de nuestro grupo, nuestro ministerio, nuestra parroquia, que olvidamos que hay cosas que son peores que no respetar alguna de las “leyes”, pues lo que mancha al hombre es lo que sale de él.

Los  discípulos fueron rápidos para ver en el rostro de los fariseos el escándalo causado por las palabras de Jesús, pero no lo fueron tanto para comprender lo que su maestro trataba de decirles, como siempre, es Pedro quien se anima a indagar a Jesús “ explícanos esta parábola” y a razón de esto se nos deja una catequesis invaluable de labios de Jesús.

“Lo que sale de la boca procede del corazón”, cuando Jesús hace referencia a lo que sale de la boca , no solo se refiere a lo que “se dice”, sino también a lo que “se hace”, o sea todas las acciones del hombre; ya nuestro maestro es bastante explicito en la lista que presenta a continuación, ahora nos toca a nosotros hacer nuestro propio examen de conciencia e ir revisando nuestras actitudes para con los demás y así darnos cuenta que es lo que nos esta manchando.


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar