Curso de Liturgia


Corría el año 1965 cuando la iglesia presentaba al mundo: a los fieles cristianos y a los hombres de buena voluntad el fruto de un arduo trabajo de reflexión y docilidad al Espíritu Santo: El Concilio Vaticano II. No es casualidad que el primer texto elaborado haya sido el referido a la sagrada liturgia: “Sacrosactum Concilium”.

Al empezar este pequeño curso sobre la liturgia, es conveniente aclarar que intentaremos seguir el esquema de la constitución antes nombrada del Vaticano II; por lo cual empezaremos por determinar el significado y el alcance, así como su relación con lo simbólica, en un segundo momento nos adentraremos en la celebración eucarística , luego haremos un pequeño recorrido por el año litúrgico , para terminar con una breve alusión a la música en las celebraciones.

Primera Parte: LA LITURGIA

La palabra Liturgia significa originariamente “obra o quehacer publico”, “servicio de parte de o en favor del Pueblo”. En la tradición cristiana quiere significar que el pueblo de Dios toma parte en la “Obra de Dios” (cf. Jn. 17, 4) catic 1069

Etimológicamente la palabra viene de “leitourghia” (léit=pueblo y érgon=obra) y en la descripción de la Sacrosactum Concilium se la define como “acción sagrada” (SC 7).

La liturgia es una acción de culto, no en el sentido externo, sino en el sentido contenido en las palabras  de Cristo: “He cumplido la obra que Tu (Padre) me encomendaste”. En efecto, en la liturgia “se ejerce la obra de nuestra redención (SC 2). Además, es una acción caracterizada por la ritualidad y el simbolismo , en la que se realiza un culto en espíritu y en verdad a Dios.

La liturgia no es una idea, ni un simple conocimiento o norma, sino que posee un dinamismo vital, guiado y regido por unas leyes intrínsecas que manifiestan en el acto ritual-sacramental la pedagogía empleada por Dios en la historia de la salvación cuando invita y admite a los hombres a la comunión con El.

Cf. El Equipo de Animación Litúrgica (SNL) Pág. 22

 

RITUALIDAD Y SIMBOLISMO

Brevemente intentaremos meternos en el mundo de la ritualidad, ya que en el del simbolismo ya lo hemos hecho cuando abordamos el tema de los sacramentos. Nuestro primer acercamiento será desde la experiencia de “El Principito”, el famoso libro de A. de Saint-Exupéry:

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

-Por favor... domestícame -le dijo.

-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

-¿Qué debo hacer? -preguntó el principito.

-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

El principito volvió al día siguiente.

-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.

-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. (cap. 21)

 

En sentido estricto y en el contexto en que estamos, podemos definir el rito como una acción simbólica (o un conjunto de acciones simbólicas) que se repite regularmente según unas formas prescritas (tácita o explícitamente).

El tiempo de la apropiación

Es evidente que una acción simbólica no se comprende siempre de una forma inmediata. Se necesita algún tiempo para apropiársela. Fíjense en un cuadro, en un poema; hace falta tiempo para entrar en él, hay que contemplarlo, leerlo una y diez veces; se resiste. Lo mismo pasa con la liturgia; no es tan fácil penetrar enseguida en un gesto, en un canto, en una actitud. La repetitividad del gesto nos va permitiendo entrar cada vez un poco más en él, hasta hacerlo totalmente nuestro. Y como la riqueza del símbolo es inagotable, siempre se encuentran en él sentidos nuevos (¿no nos ocurrirá eso con la eucaristía hasta el día de nuestra muerte?).

«La tradición que viene del Señor»

La noción de rito está además muy ligada con la idea de tradición. Tradición quiere decir transmisión. La mayor parte de nuestros ritos sociales son herencia del pasado; muchos se pierden en la noche de los tiempos (los fuegos de san Juan, el carnaval, el árbol de navidad, etc.) y siguen «funcionando» todavía.

 

¿QUIEN CELEBRA?

Es toda la Comunidad, el Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza quien celebra. "Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es `sacramento de unidad', esto es, pueblo santo, congregado y ordenado bajo la dirección de los obispos. Por tanto, pertenecen a todo el Cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan, pero afectan a cada miembro de este Cuerpo de manera diferente, según la diversidad de órdenes, funciones y participación actual" (SC 26). Por eso también, "siempre que los ritos, según la naturaleza propia de cada uno, admitan una celebración común, con asistencia y participación activa de los fieles, hay que inculcar que ésta debe ser preferida, en cuanto sea posible, a una celebración individual y casi privada" (SC 27) Catic 1140

Pero "todos los miembros no tienen la misma función" (Rm 12,4). Algunos son llamados por Dios en y por la Iglesia a un servicio especial de la comunidad. Estos servidores son escogidos y consagrados por el sacramento del Orden, por el cual el Espíritu Santo los hace aptos para actuar en representación de Cristo-Cabeza para el servicio de todos los miembros de la Iglesia (cf PO 2 y 15). El ministro ordenado es como el "icono" de Cristo Sacerdote. Por ser en la Eucaristía donde se manifiesta plenamente el sacramento de la Iglesia, es también en la presidencia de la Eucaristía donde el ministerio del obispo aparece en primer lugar, y en comunión con él, el de los presbíteros y los diáconos. Catic 1142

 

Segunda Parte: LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

 

GUIONES: Principios generales

La intención de los guiones en las celebraciones es crear un clima adecuado a cada tiempo litúrgico, como así también ir introduciendo y señalando momentos y acciones.

Se trata de un MEDIO, por lo tanto puede adquirir diversas formas, pero siempre teniendo en cuenta que su misión es AYUDAR y no ENTORPECER la participación de la asamblea. De esto se desprenden ciertas características de cada uno de los textos de un guión que de aquí en adelante llamaremos “moniciones”:

  • No deben ser “pequeñas homilías”, sino que deben “presentar” el momento que viene.

  • No deben ser catequesis exhaustivas del momento.

  • No deben quitar la “emoción” de descubrir paso a paso lo que se vivirá en la celebración.

  • No deben contener palabras o frases muy rebuscadas.

  • No deben insistir en cosas que la asamblea ya sabe, decir: “nos ponemos de pie” cuando todos saben que deben hacerlo.

Hasta ahora nos hemos limitado a hacer un análisis negativo sobre las moniciones, los SI los iremos poniendo en las indicaciones de cada momento.

Monición de entrada

Tengamos en cuenta que lo primero que la asamblea escucha en las celebraciones es esta monición, por lo cual esta debe disponernos al misterio que celebraremos. La monición de entrada debe ubicarnos en el tiempo litúrgico en el que nos encontramos. Además debe presentarnos lo que celebramos : domingo, fiesta del santo, acontecimiento eclesial, etc. Esta monición puede disponer bien o mal a la celebración litúrgica, por ello debemos cuidar el lenguaje y la extensión de la misma.

Moniciones de las lecturas

Podemos realizarlas de dos maneras: hacer una sola monición para todas las lecturas en la que incluyamos referencia, ya sea a la Palabra en si misma, o a las lecturas del día; la otra manera sería la mas tradicional de hacer una monición para cada lectura.

Como principio general debemos recordar que la monición de las lecturas no debe quitarnos la “sorpresa” de encontrarnos con la Palabra, por esto, en la monición no citaremos frases de la misma lectura, ni haremos una síntesis de la misma.

Las celebraciones del domingo constan de tres lecturas y el salmo. La primera lectura es del Antiguo Testamento y la monición debe ubicar el texto dentro del contexto de la Historia de la Salvación; el salmo por lo general no requiere de monición, pero si queremos introducirlo, resaltaremos su carácter de respuesta a la Palabra escuchada en la primera lectura; la segunda lectura es del Nuevo Testamento, en esta monición podemos resaltar la personalidad del apóstol que escribe (generalmente san Pablo) o hacer una referencia a la comunidad de destino de la carta; el Evangelio , sin menospreciar las demás lecturas, es La Palabra por excelencia, esto es resaltado por la entonación del Aleluya antes de su proclamación, la monición debe resaltar el carácter de Buena Nueva de esta Palabra, se puede hacer referencia al evangelista que escribe y su visión, a la predicación y vida de Jesús o simplemente a la identificación de Cristo con la Palabra del Padre.

Aporte para la liturgia de la Palabra

La Liturgia de la Palabra es uno de los dos grandes momentos de la celebración de la Eucaristía, por eso conviene que su preparación sea correcta. Podemos marcar el inicio de este momento con el ingreso procesional de la palabra: una vez realizada la Oración Colecta y con una monición especial, recibimos el Libro de la Palabra (en manos del lector) acompañado de unos cirios encendidos, se puede acompañar este momento con un canto referente a la Palabra.

Plegaria universal (Oración de los fieles)

La plegaria universal es el momento en que demostramos, de manera mas explicita, la “catolicidad” de nuestra celebración, por eso es necesario que conservemos la gradación que nos propone el misal romano en la formulación de las intenciones:

  1. por las necesidades de la Iglesia

  2. por los gobernantes y por la salvación del mundo entero

  3. por aquellos que se encuentran en necesidades particulares

  4. por la comunidad local

  5. luego podemos agregar todas las intenciones que nos parezcan necesarias.

En esta oración tenemos una antífona que es con la cual la asamblea se une y ruega a Dios por la oración presentada, esta antífona debe estar dirigida a Dios y no a María o a los santos, estos pueden ser incluidos en las antífonas como intercesores, pero no como destinatarios de nuestra suplica. Es importante que esta antífona no sea demasiado extensa para que  la asamblea pueda retenerla fácilmente.

Monición de Colecta

Es aconsejable que esta monición no sea mezclada con la de presentación de las ofrendas para que así se distingan los momentos distintos.

Todos los fieles, por el precepto de contribuir al sostenimiento del culto, tienen el deber de contribuir con la Iglesia. Esta monición debe ir creando progresivamente de este deber, resaltando el valor de la solidaridad y del compartir.

Monición de Ofrenda

Antes de entrar en esta tema, no esta de mas hacer una breve aclaración, para corregir un error que habitualmente cometemos en este momento en nuestras liturgias. Debemos distinguir bien entre signo y ofrenda , el signo es un elemento que presentamos y que, por medio de una monición, cargamos de sentido para significar una realidad por la cual rezamos en esta eucaristía (mate: signo del compartir). La ofrenda es un elemento que presentamos y consagramos (regalamos) a Dios. Recordando que este es el momento de las ofrendas, todo lo que se presente en este momento debe ser consagrado (regalado) a Dios. La presentación de los signos debe realizarse en otro momento (el rito inicial, la Liturgia de la Palabra, etc.)

Las ofrendas por excelencia son el Pan y el Vino, por eso el hincapié debe ponerse aquí y no en las demás ofrendas. Un elemento importante en esta monición es nombrar la finalidad de las ofrendas: mercaderías para..., cruz para..., pan y vino para ser convertidos en cuerpo y sangre.

Además debemos resaltar también el contenido simbólico que tiene “llevar al altar las ofrendas”, pues junto a ellas se presentan los que la ofrecen , o sea toda la asamblea.

Monición de comunión

El Pueblo de Dios se identifica con el pueblo que camina hacia el encuentro definitivo con Dios, en ese camino el pan de la Eucaristía, Jesucristo, es la fuerza para continuar el camino: Cristo, pan del peregrino. Este es el sentido que tiene en nuestras celebraciones eucarísticas nuestro caminar para recibir a Jesús Eucaristía.

Todo esto debe estar reflejado en la monición de comunión.

Monición de envío

Esta última monición es casi tan importante como la primera, pues es la palabra que quedará resonando en la mente y el corazón, por esto, en la monición puede incluirse una frase del evangelio que escuchamos.

No debemos repetir en la monición lo que el presidente de la celebración dice en el envío, por ejemplo: “después de celebrar a Cristo en la palabra y en la Eucaristía podemos ir en alegría y en paz”, pero el carácter de envío a la realidad cotidiana debe estar presente.

Tercera Parte: AÑO LITÚRGICO

La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año la obra salvífica de su divino Esposo . Cada semana , en el día que llamó «del Señor », conmemora su Resurrección , que una vez al año celebra también, junto con su santa Pasión , en la g solemnidad de la Pascua .

Además, en el círculo del año desarrolla todo el misterio de cristo , desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión , Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor .

Conmemorando así los misterios de la Redención , abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor , de tal manera que, en cierto modo , se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación . (SC 102)

 

El Núcleo generador del Año Litúrgico ha sido el domingo, desde aquí ha sido desarrollada (desenrollada) la estructura del actual Año Litúrgico referido a la vida de Cristo. Así, como proyección del domingo, el centro del año litúrgico es el misterio Pascual, mas propiamente la Semana Santa.

En la actualidad el año litúrgico esta organizado de la siguiente manera: siguiendo el desarrollo cronológico, mas o menos configurado sobre el año civil:

  1. Si bien el año litúrgico comienza con el primer domingo de Adviento, tiene un inicio peculiar el 17 de diciembre: ese día se inicia el “Adviento navideño”.

  2. Celebrada Navidad, se prolonga el recuerdo de los primeros acontecimientos de la vida del Señor, hasta celebrar el bautismo de Jesús.

  3. Sobreviene enseguida un periodo mas o menos breve que media entre el bautismo del Señor y el miércoles de ceniza. Es la primera parte del llamado “tiempo durante el año”.

  4. El miércoles de Ceniza marca el comienzo de la Cuaresma que es el periodo de preparación para la Semana Santa.

  5. Con el Domingo de ramos la Cuaresma se abre a la Semana Santa que finaliza con el Domingo mayor del Año, el de la Resurrección del año.

  6. A la fiesta de la pascua le sigue la cincuentena pascual, que se extiende durante el tiempo que Jesús permanece resucitado entre sus discípulos hasta que, habiendo ascendido al cielo, a los nueve días envía el Espíritu Santo en Pentecostés.

  7. Luego de Pentecostés, sobreviene el tiempo mas largo del año litúrgico que comprende entre 20 y 29 semanas y que es la segunda parte del “tiempo durante el año”

  8. Luego viene la primera parte del tiempo de adviento que va desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre.

Como es fácil de entender, cada tiempo litúrgico lleva consigo una espiritualidad, es decir, una “tonalidad” particular en la que, tomando como base el momento del Misterio de Cristo que se conmemora los fieles han asumiendo en sus vidas determinadas actitudes propias de su vocación cristiana.

Descubrir y vivir la espiritualidad propia de cada tiempo litúrgico será conveniente empresa que fructificará abundantemente para gloria de Dios.

Además, dentro del Año Litúrgico, se incluyen fiestas dedicadas a María y a ciertas personas destacadas por su santidad.

Cf. Elementos de Teología y pastoral Liturgica. ACA. Comisión episcopal de Culto. Pág 57-58

 

LA EUCARISTÍA DOMINICAL

El mayor empeño se ha de poner, pues, en la liturgia, « cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza ». 19 En el siglo XX, especialmente a partir del Concilio, la comunidad cristiana ha ganado mucho en el modo de celebrar los Sacramentos y sobre todo la Eucaristía. Es preciso insistir en este sentido, dando un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana. 20 Desde hace dos mil años, el tiempo cristiano está marcado por la memoria de aquel « primer día después del sábado » ( Mc 16,2.9; Lc 24,1; Jn 20,1¿, en el que Cristo resucitado llevó a los Apóstoles el don de la paz y del Espíritu (cf. Jn 20,19-23). La verdad de la resurrección de Cristo es el dato originario sobre el que se apoya la fe cristiana (cf. 1 Co 15,14), acontecimiento que es el centro del misterio del tiempo y que prefigura el último día, cuando Cristo vuelva glorioso. No sabemos qué acontecimientos nos reservará el milenio que está comenzando, pero tenemos la certeza de que éste permanecerá firmemente en las manos de Cristo, el « Rey de Reyes y Señor de los Señores » ( Ap 19,16) y precisamente celebrando su Pascua, no sólo una vez al año sino cada domingo, la Iglesia seguirá indicando a cada generación « lo que constituye el eje central de la historia, con el cual se relacionan el misterio del principio y del destino final del mundo ». 21

Por tanto, quisiera insistir, en la línea de la Exhortación « Dies Domini », para que la participación en la Eucaristía sea, para cada bautizado, el centro del domingo . Es un deber irrenunciable, que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como necesidad de una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente. Estamos entrando en un milenio que se presenta caracterizado por un profundo entramado de culturas y religiones incluso en Países de antigua cristianización. En muchas regiones los cristianos son, o lo están siendo, un « pequeño rebaño » ( Lc 12,32). Esto les pone ante el reto de testimoniar con mayor fuerza, a menudo en condiciones de soledad y dificultad, los aspectos específicos de su propia identidad. El deber de la participación eucarística cada domingo es una de éstos. La Eucaristía dominical, congregando semanalmente a los cristianos como familia de Dios entorno a la mesa de la Palabra y del Pan de vida, es también el antídoto más natural contra la dispersión. Es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente. Precisamente a través de la participación eucarística, el día del Señor se convierte también en el día de la Iglesia , 22 que puede desempeñar así de manera eficaz su papel de sacramento de unidad.

Novo Millennio Ineunte 35-36

 

Cuarto Parte: LA MÚSICA EN LA LITURGIA

El canto en la Liturgia es un elemento muy importante y no solo accesorio, por algo la Sacrosanctum Concilium le dedica al análisis de este tema todo el capítulo VI.

El canto debe ayudar a la asamblea, al igual que las moniciones, a vivir la celebración con mayor profundidad, por eso no todos los cantos pueden ser utilizados en la liturgia. Un principio básico es que “La asamblea debe cantar”, por eso la elaboración de cancioneros para las celebraciones resulta indispensable a la hora de incluir nuevos cantos, además los ritmos y las melodías no deben ser complicados y los tonos deben ser accesibles a las voces.

Hay cantos que deben tener una marcada tendencia comunitaria, como los de entrada y comunión , pues en estos momentos toda la comunidad es la que participa.

Como elegir los cantos

Los cantos son parte de la celebración, por lo tanto, deben conservar junto a los demás elementos de la liturgia una cierta uniformidad temática, por eso es importante que los animadores de canto deben leer las oraciones y lecturas de la celebración para que las letras de los cantos tengan “algo” que ver con estos temas.

Se aconseja que el criterio de uniformidad también se mantenga en la elección de los ritmos.


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar