“Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza” (Apocalipsis 12, 1)
Tantas cosas concurren a la mente y al corazón al traer a los labios el nombre de Itatí. Muchos podrían decir que es un lugar, un pueblo, un conjunto de casas en torno a un gran templo; pero Itatí es mucho mas, es mucho mas que una imagen con “carita de nogal, manitos de timbo” y que tiene “por trono a Itatí”; es mucho mas que miles y miles de personas caminando hasta sus pies, es mucho mas que jóvenes peregrinos que alimentan su fe allí hace casi treinta años… es mucho mas.
Itatí es la Madre de Corrientes, la Madre de los correntinos, y no porque un 23 de Abril de 1918 fuera proclamada Patrona y Protectora de la diócesis, sino porque el corazón de los correntinos le pertenece desde siempre.
Itatí es “bastón” de la fe de miles y miles de personas que por más de cuatro siglos han implorado su protección y han sido mirados por ella con ojos de misericordia de Madre y han sido conducidos de su mano a la fe en su Hijo Jesús.
María de Itatí es la Reina “coronada de estrellas”, de estrellas de oraciones, de suplicas, de llanto, de pies cansados de caminar, de corazones aliviados en sus manos, de miradas con ojos humedecidos en lagrimas… será por eso que allá por el 1900, un inolvidable 16 de julio, su imagen fue coronada por voluntad del Papa León XIII, plasmando así lo que el pueblo de la región gritaba: “María Reina de Itatí”. Desde entonces, ese 16 de julio ya no es un día mas… es “el día de la Madre de Itatí”.
Cuantas promesas hechas y oídas en su casa, “Tupá Sy Roga”, cuantos ruegos agradecidos por los favores conseguidos por su intercesión, cuanto alberga el corazón del peregrino cuando la casa de la Madre, la Basílica, con su imponencia majestuosa, se hace “mi casa”, mi pequeño hogar… no hay discursos que describan lo que pasa allí dentro y que simplemente es “Dios-con-nosotros”.
Alegría, risa, dolor, llanto, pena y emoción, todo cabe en sus ochenta metro de alto y se guarda en el “huequito” que nos dejan sus manos puestas en oración… en oración por cada uno de sus hijos, hombres y mujeres, pequeños y grandes, ricos y pobres, tristes y alegres…
Y apareció entre nosotros un gran signo: “la Itatí” con el Sol en su vientre, la luna bajo sus piés y una corona en su cabeza.
Tierna Madre de Itatí, ruega por nosotros.
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