OBJETIVO:
Reflexionar sobre la importancia de saber pedir perdón y perdonar.
¿es fácil perdonar?, ¿porqué?
Mover a los padres a hacer su profesión de fe, y que se propongan una conversión de vida para entregarse a Jesús por entero y vivir de acuerdo a sus enseñanzas.
LECTURA : Lucas 15, 1-10 Parábola La Oveja Perdida.
Canción Juan Pablo II
CHARLA:
Nosotros sabemos que Jesús nos ama. Que Dios, nuestro Padre siempre sale a nuestro encuentro, no importa lo que hayamos hecho, el siempre nos busca. Escuchamos un párrafo del Evangelio: Lucas 15, 1-10 Parábola La Oveja Perdida.
"Todos, publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. " Así es el Corazón de Dios: tan bueno y misericordioso, que infunde confianza hasta a los pecadores. No veían los publicanos en el Corazón de Jesucristo nada que los pudiera rechazar y por eso acudían a Él; aunque acudían a Él siendo pecadores, se santificaban; acudían orgullosos y se volvían humildes.
Esto es lo que tiene que suceder con nosotros. Debemos buscar a Jesús con toda confianza, con sencillez y humildad, como a la fuente de la gracia; acudamos a Él y prestemos atención a lo que Él puede decirnos. Jesús "recibía a los pecadores y comía con ellos"; así hará con nosotros.
"Encontré la oveja que se me había perdido. Jesús como Buen Pastor bajó del cielo y vino a buscarnos a nosotros, sus ovejas perdidas, vino a "buscar y salvar lo que estaba perdido".
Para salvarnos nos dio la luz, para que no anduviéramos en las tinieblas; nos dio la Vida , para que no muriéramos; nos dio la gracia, para limpiarnos del pecado.
En qué momento Jesús dice encontré la oveja que se me había perdido:
Cuando encontramos un momento para rezar en familia.
Cuando en familia participamos de la misa
También Jesús nos busca en nuestra vida diaria, en cada una de nuestras opciones:
Cuando sin importar el tiempo escuchamos a nuestros hijos y aprendemos a comprenderlos.
Cuando transmitimos con gestos y palabras todo aquello que es bueno y sabemos que los harán felices.
"De la misma manera se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte" Repetidamente se nos dice en el Evangelio que Jesús no ha venido al mundo para condenar, sino para salvar a los pecadores : Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él" (Jn 3,17).
Jesús nos habla del amor con que el Padre celestial recibe al que se equivoca, cuando éste se arrepiente; Dios no se resigna a perderlo; lo busca con insistencia, lo trata con cariño, lo cuida con ternura, lo perdona con amor y cuando ya lo tiene otra vez consigo por la gracia y el arrepentimiento, el corazón del Padre celestial se goza íntimamente y se llena de alegría con el retorno del hijo a la casa del Padre.
En el cielo será mayor la alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión . Sin duda que Dios no ama menos a los justos que al pecador arrepentido; pero a este pecador Dios lo ha buscado, perseguido con su gracia, como el pastor ha hecho con su oveja, y el resultado, la conversión, da a Dios una ocasión de alegría que no le ofrecen los justos. Hasta se diría que, la fidelidad de los justos produce una alegría discreta completamente íntima; pero la conversión de los pecadores causa desbordes de alegría.
También la madre se alegra con la salud recuperada por su hijo enfermo, y siente más esa alegría que no la que le causó la salud no perdida por los otros hijos. Dios siempre nos busca, aun en nuestro mismo pecado. Todo lo empleó Dios y todo lo da por bien empleado, a costa de conseguir nuestro arrepentimiento.
La mayor falta que podemos cometer es la desconfianza de la bondad del Señor. Nunca nuestros pecados podrán igualar o superar a la infinita misericordia de Dios.
GESTO:
Explicación: Hay una Imagen y fuentones con barro, vamos a pasar de a 1 formando filas, ponemos las manos en el barro y le pasamos a la imágen y sin limpiarnos volvemos a nuestros lugares, teniendo cuidado de no ensuciar a los otros.
Canción para la procesión
Vieron como al volver nos cuidábamos de no tocar al otro para no ensuciarlo. Ocurre que nuestros pecados no solo nos ensucian a nosotros, sino que también pueden ensuciar a los que están al lado nuestro, a nuestros hijos, vecinos, compañeros de trabajo, amigos.
Pensemos entonces sobre nuestras faltas, es el momento de preguntarnos sobre el mal que hemos hecho y el bien omitido: hacia Dios, el prójimo y uno mismo
Señor, ayúdame a hacer silencio, quiero escuchar tu voz. Necesito contemplar tu rostro, me hace falta la calidez de tu voz, caminar juntos... y callar para que hables vos.
Me pongo en tus manos, quiero revisar mi vida, descubrir qué tengo que cambiar, afianzar lo que anda bien, y sorprenderme con lo nuevo que me pedís.
Con respecto a Dios :
Te pido perdón porque hablo con vos sólo cuando te necesito, sin darme cuenta que esperas una palabra mía a cada instante.
Por el activismo de hacer, hacer y hacer, y olvidarme del silencio de la oración, de la lectura de la Biblia , por dejar todo esto para después, para cuando tenga tiempo...
Por hablar mucho y hacer poco, por tener vergüenza de mostrarme como cristiano.
Te pido perdón Señor, por mi falta de compromiso, por separar la Fe de mi Vida Cotidiana.
Con respecto al prójimo :
Te pido perdón por no hacerme un tiempo para escuchar y dialogar con mis hijos
Por las veces que pude ayudar a mis vecinos y no lo hice.
Por llegar cansado de mi trabajo y no tener paciencia con mi familia.
Por ser envidioso y tener celos en mi trabajo
Con respecto a nosotros mismo:
Te pido perdón porque exagero en las comidas y la bebida.
Porque me preocupo mas por mis bienes, por mi ropa, por mis aspecto físico, que por mi vida espiritual.
Por ser tan exigente conmigo mismo y no perdonarme mis faltas.
Por desconfiar de mi capacidad para realizar nuevos desafíos.
Ir al encuentro el uno del otro, tender la mano, decir la primer palabra, dar el primer paso, aceptar al otro como es, hacer triunfar al amor sobre el rencor, continuar el camino juntos, ser misericordiosos como nuestro Padre Celestial es misericordioso con nosotros y dar testimonio de la bondad infinita del Padre.
Ahora que el barro se secó notamos que ya no nos molesta tanto, nos estamos acostumbrando a estar sucios, nos acostumbramos a la falta de diálogo, a la falta de comprensión, a la falta de respeto, a la falta de amor. Por eso es necesario limpiarnos. Jesús quiere limpiar nuestro barro.
Ponemos los baldes con agua limpia y las toallas.
Nos acercamos nuevamente en dos filas, y nos lavamos las manos unos a otros, porque la gracia del perdón, el amor de Jesús, se comparte entre hermanos.
Canción para la procesión
Recordemos que siempre podemos volver al Señor, él sale a nuestro encuentro porque nos quiere y nos quiere salvar. Jesús mira a cada uno y lo conoce por su nombre. Quiere entrar a nuestra casa, a nuestro corazón. El espera que reconozcamos nuestras faltas para poder ser perdonados.
La cruz, es el símbolo de la muerte de Jesús. Jesús que muere crucificado por nuestros pecados, y cuya muerte es necesaria para que Dios Padre nos perdone. Por eso, es necesario que nosotros también podamos morir a todo aquello que nos aleja de Jesús y también renacer a una vida nueva. El arrepentimiento exige un cambio de vida. Vivir de un modo diferente la relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos.
Y Jesús dijo: yo les declaro que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por uno solo de ustedes que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse .
Lucas 15, 7.
Salmo 51, 3.4.12
¿Cómo sería nuestro mundo si no existiera la palabra "perdón"?
¿Si lo que ella significa no formara parte de las experiencias que cada uno puede hacer?
¿Si no existiera una mano tendida para ofrecer reconciliación?
¿Si el que se ha hecho culpable tuviera que seguir siéndolo para siempre?
¿Si cada uno tuviera que quedarse solo con sus faltas?
¿Si sólo contase la venganza y no el perdón?
"Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa.
Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro".
Equipo de Retiros Capilla Niño Jesus (Chaco - Argentina)
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