El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 


Condiciones del Evangelizador


 

Este esquema de las cuatro condiciones necesarias esta inspirado del libro Como evangelizar a los bautizados de José H. Prado Flores.


1

No podemos callar…

Hch. 4, 20

Nicodemo

Jn. 3, 3

El Testimonio

Mc. 5, 20

 

[ texto clave ]

Conversión de Saulo

Hch. 9, 1- 31

Experiencia de salvación

Cada uno de nosotros necesita hacer alguna vez en la vida el Camino de Damasco, este camino es el de encontrarse personalmente con Aquel que nos amó primero y nos llamó para servirle; esta experiencia en nuestra vida es algo muy importante, ya que es la que sienta bases y prepara al crecimiento en la fe.

Sin una verdadera experiencia de salvación, podemos estar basando nuestra fe y nuestra evangelización solo en la doctrina que aprendemos, y no en la experiencia del Dios vivo que nos llama.

San Pablo es un fiel testigo de esto, ya que en un principio fue el mismo quien persiguió a los que se habían encontrado verdaderamente con Cristo… muchas veces puede pasarnos lo mismo a nosotros, aunque pensemos que ya nos hemos encontrado con el Señor de nuestras vidas, nos dedicamos a poner trabas y a perseguir (con palabras y gestos) a quienes tienen una vida diferente a la nuestra por haberse encontrado con Cristo.

¿Reconocemos algún momento en nuestras vidas en que pusimos trabas a los demás por manifestar su fe?

Y es que cuando Cristo llega a nuestras vidas lo cambia todo por completo, pero no sin antes darnos un tiempo para pensar en el cambio… lo mismo hizo con Pablo, que hasta un rato antes era solo Saulo, discípulo del mejor maestro de los fariseos y ferviente defensor de su fe. Nos testimonia la palabra que Pablo estuvo tres días en Damasco “sin ver, y sin comer ni beber”, ese momento representa en la vida de cada uno el tiempo de confusión que tan amorosamente nos regala el Señor, y que nos sirve para pensar que los cimientos que teníamos pierden vigor y fortaleza ante la presencia de Dios, este tiempo de confusión es puesto por Dios para poner las cosas en su lugar y para hablarnos mas libremente al corazón, ya que allí bajan nuestras defensas y caemos con el rostro en tierra como Saulo.

Un dato muy importante que nos revela la palabra lo encontramos en Hch. 9, 12, en el momento de confusión Dios dice a Ananías sobre Saulo “ El esta orando y ha visto una visión…”, esto nos indica que para continuar con el próximo paso de esta nuestra experiencia de salvación debemos orar, y orar insistentemente y con fortaleza, ya que el mismo Dios había revelado a Saulo durante la oración que Ananías le impondría las manos.

Cuanto bien nos haría en nuestros momentos de confusión , orar insistentemente, pero pensemos cuantas veces hacemos lo contrario, cuando estamos confundidos, inquietos o pasamos por momentos de desolación, abandonamos la oración y decimos “hoy no tengo ánimo para rezar”.

¿Qué hacemos en nuestros momentos de confusión?

Una vez que pasamos esta segunda etapa viene lo mas difícil, perseverar en el camino,  si releemos los versículos siguientes del capitulo 9 de los Hechos de los apóstoles, veremos los primeros problemas que tuvo que atravesar Pablo en Damasco y Jerusalén, nada mas ni dada menos lo querían matar. Cuando nosotros empezamos a transitar este camino muchas personas van a intentar matar el nuevo brote de fe que nace en nuestro corazón, pero nosotros debemos hacer brotar de nuestro corazón una alabanza a nuestro Dios por la experiencia de salvación que nos hace vivir.

¿Recordamos el proceso que vivimos para llegar a tener una experiencia de salvación en nuestras vidas?

2

El celo me consume…

Jn. 2, 17

Celo para evangelizar…

Ef. 6, 15

¡Ay de mi…!

1Cor 9, 16

Si esto no es celo…

2Cor. 11, 16-29

[ texto clave ]

Celo de Pablo

1Cor. 9, 19-23

Celo por el Evangelio

Cuando hemos experimentado la salvación en nuestras vidas, es imposible callar “ lo que hemos visto y oído” de parte del Señor, y es entonces cuando la experiencia de salvación se convierte en un anhelo por que todos los hombres la experimenten y lleguen al conocimiento de Dios.

Este celo por el Evangelio debe llevarnos a anteponer el anuncio de la Buena Noticia a cualquier otra cosa, incluso a nuestra propia vida, y a lamentarnos cuando nuestra debilidad nos hace pensar primero en nuestra comodidad o nuestras pequeñeces antes que en la evangelización; en palabras del Apóstol “ ¡Ay de mi si no predicara el Evangelio! ”.

Podemos preguntarnos entonces ¿cual debe ser la medida de nuestra entrega para anunciar el evangelio? Tenemos por un lado la expresión máxima que es la del mismo Jesús que entregó si vida para anunciar la Buena Nueva y luego encontramos la medida que nos marca Pablo con su conducta “Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio”.

A cualquier precio… esto es un cheque en blanco bíblico para cuando hablamos de Evangelización, y nos quiere dejar bien en claro que “ para ganar por lo menos algunos”, no debemos ser mezquinos en cosas materiales, espirituales ni esfuerzos…

Hoy, en la era de los Medios de Comunicación, la evangelización no puede prescindir de ellos, me gusta decir que si Jesús no hubiese venido hace dos mil años, y viniera en este momento, tendría su propia página de Internet; y es que para anunciar la Buena Nueva, debemos ser “ astutos como la serpiente, y sencillos como la paloma ”.

Nuestro celo por el evangelio debe llegar a convertirse en una Pasión, pero no una pasión de fin de semana, sino de 24 horas, 7 días, 12 meses… toda la vida

Aquel que se apasiona por algo, no reduce sus esfuerzos sino que más bien los aumenta día tras día…nosotros no nos apasionamos por algo, sino por Alguien, y ese Alguien es el mismo Dios, por eso nuestro esfuerzo debe redoblarse por comunicar la Buena Noticia.

Para pensar un poco sobre este punto podemos preguntarnos:

¿Alguna vez tuvimos la necesidad de defender el Evangelio con uñas y dientes?

¿Cómo nos sentimos cuando “Hablan mal” de la Iglesia o del Evangelio?

3

Conozco a mis ovejas…

Jn. 10, 14

Oración sacerdotal de Cristo

Jn. 17

Pablo conoce …

Rm. 16

Análisis de la realidad

Decía acertadamente san Agustín: “No podemos ser peregrinos del cielo si somos fugitivos de la tierra”. El que sigue a Cristo no puede ser alguien que vive huyendo de la realidad (de su realidad); el mismo Jesús nos coloco en este lugar: “ No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del maligno”, es él quien nos pide, le pide al Padre, que nos quedemos en el mundo. Solo estando en el mundo podemos conocer a los hombres y mujeres que viven en él y así, como el Buen Pastor, poder llamarlos por su nombre. Pero no podremos llamar a nadie si no sabemos donde están, y esto no se refiere solamente a su ubicación física, sino más bien a su situación, su entorno, su realidad, etc.

Recordemos aquí el texto de 1Cor. 9, 19 ss.

San Pablo es tan exitoso como evangelizador porque conoce a fondo la realidad de quienes tiene enfrente, ya que el fue uno de ellos (el mejor y mas fiel).

Analizar la realidad no es sentarnos con el periódico y conocer todo lo que pasa en nuestro entorno, es vivir  el aquí y el ahora y comprender que en ese “aquí y ahora” viven nuestros hermanos a quienes vamos a llevar la Buena Noticia del Reino… es ser concientes de que la vida de cada uno de nuestros hermanos esta llena situaciones que debemos conocer para poder “amarlos hasta el extremo”.

En nuestro rol de Evangelizadores dentro de esta Corriente de Gracia, cobra un papel importantísimo el pastoreo, que no es otra cosa que estar cerca de nuestros hermanos que necesitan y ofrecerles nuestra ayuda. El evangelizador debe conocer a aquellos que evangeliza, sino se es como aquel sembrador que esparce la semilla sin conocer la tierra en donde la siembra y espera en todo su campo frutos iguales y en el mismo tiempo.

¿Cuando nos acercamos a alguien para hablar con el, tenemos en cuanta su situación?

Vivan dignamente

Ef. 4, 1

Los Maestros de la ley…

Lc. 11, 37 ss

Otra de san Pablo…

1Cor. 11, 1

Vivir el Evangelio

Sin miedo de ser exagerado, me animo a decir que esta es la condición más importante para nuestro tiempo, ya que, como nos dice Prado Flores “el estilo de vida del evangelizador determina (positiva o negativamente) el mensaje que transmite”. Jesús no debe decir de nosotros lo que decía de los maestros de la ley: “imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo”.

Vivir el evangelio implica en primer lugar creer en él, pero no como un mensaje bonito que es bueno transmitir, sino como “El Mensaje que transformó mi vida”

El verdadero evangelizador debe poder decir sin ninguna preocupación lo que dijo en su momento san Pablo “ sean mis imitadores, como yo soy de Cristo”, ya que el mensaje que transmitimos con nuestras palabras y lo que expresamos con nuestras obras deben ser una sola cosa.

Durante la liturgia del sacramento del Orden Sagrado, hay un signo en el cual el Obispo entrega al ordenando en Libro de la Palabra de Dios y al mismo tiempo pronuncia estas palabras “cree lo que lees, enseña lo que crees y practica lo que enseñas”, esto es un hermoso resumen de lo que significa ser coherentes entre lo que creemos, enseñamos y practicamos.

Nuestros pastores nos han predicado hasta el hartazgo sobre la importancia del testimonio en la vida cristiana, y es que si predicamos una cosa y hacemos otra, el receptor de la evangelización no recibe otra cosa que confusión… mas de uno de nosotros ha sido testigo alguna vez de cómo una excelente predicación de algún hermano nuestro queda descartada por su falta de testimonio, y sin irnos a los demás fijémonos en nuestras propias familias, con nuestros hijo, nuestros padres, etc. Y comprobemos la fuerza de las palabras y la de las obras.

Quien no vive lo que predica, lo que anuncia, aunque lo haga con las palabras mas conmovedoras, no es un buen evangelizador.

¿Y por casa como andamos?

 


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar

 

Evangelizando la red desde el 7 de agosto de 2002

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