El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 


María en la Eucaristía


El Papa Juan Pablo II en su carta sobre la Eucaristía nos dejó dicho: «Queridos amigos, esta es la misión de la Iglesia, esta es vuestra misión, vayan y preparen el camino para el Señor que viene». Y en urgencia de este mandato misionero el Evangelio de Cristo, que es mensaje de felicidad para todos los hombres, debe ser presentado con coraje y valor. El cristiano humildemente disminuye para exaltar a Jesús, como el Bautista está llamado a señalar a Jesús como el Mesías esperado. Su tarea es invitar al pueblo a fijar su mirada en Jesús en el Santísimo Sacramento. Como el Precursor, es a Cristo y no a él, a quien debe resaltar, son las cualidades de Cristo y no las suyas propias de las que debe vanagloriarse.
«Aquel que viene detrás de mí, es más poderoso que yo» «He ahí al Cordero de Dios» Todo debe ser dirigido hacia Él, hacia su presencia, hacia su misterio, en pocas palabras: hacia su Persona Divina.
La Evangelización desde la Eucaristía, en la Eucaristía y para la Eucaristía, es la forma en que la Iglesia vive el misterio de Cristo y realiza su misión de comunicarla a todos los hombres. Una misión que perdura hasta el fin de los tiempos, por mandato expreso de Cristo.
Jesús permanece con nosotros en el Santísimo Sacramento como nuestro amigo más fiel que nos invita dulcemente diciendo: «Venid a mí»,
es por ello que todas las personas deben encontrarse con Él, conocerlo, amarlo y seguirlo.
María es la Estrella de la Nueva Evangelización, y como estrella que brilla, ella guía nuestros pasos hacia el Señor. María es la mujer
de fe que creyó que el niño que llevaba en sus brazos era el Creador del mundo, del universo. Ahora ella ayuda al mundo entero a creer que la pequeña hostia que eleva el sacerdote en la Misa es el Cordero de Dios.
Así como en Belén hubo una estrella que guió los pasos de los reyes magos, hoy hay una estrella más potente que ilumina nuestros pasos hacia Jesús: «María, la Estrella de la Evangelización», por eso, siempre que se presente y se hable de María, debe ser en esta línea, en esta onda. se le debe presentar como quien nos conduce y nos guía a Jesús. Todo lo demás que no entre en este deseo de la Iglesia sería calificable como una «insana Mariología».
Cuando el ángel dijo a María que sería la Madre de Jesús, ella preguntó: “Como puede ser esto, si yo no tengo relaciones con ningún hombre”.
Cómo puede ser esto, es la pregunta que algunos se hacen respecto a la presencia real de Cristo en la Eucaristía. La respuesta que dio el ángel a María para explicar la Encarnación, es la misma respuesta para explicar la transubstanciación. El ángel dijo: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” La virgen concebirá y dará a luz un hijo porque “no hay nada imposible para Dios”
Lo que le sucedió a María cuando la Palabra se hizo carne, sucede en la Misa cuando Cristo viene sobre el altar. Así como el Espíritu Santo descendió sobre María y la Palabra se hizo carne, del mismo modo el Espíritu Santo desciende sobre los dones de pan y vino en la consagración para transformarlos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y todo porque “no hay nada imposible para Dios”. El Poder del Espíritu Santo: “No hay nada imposible para Dios”, explica el misterio del nacimiento de Cristo, así como también el misterio de su presencia real en el Santísimo Sacramento. Cuando María dijo al ángel: “Yo soy la servidora del Señor”, se le dio la misión de traer la presencia de Cristo al mundo, y de llevar al mundo a la presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento. María es la misionera del Padre, y su visita a Isabel después de que el ángel la dejó, describe su misión universal para con toda la humanidad. Con celo, ella se dio prisa para llevar a Jesús escondido en su vientre a su prima Isabel, la cual quedó llena del Espíritu Santo en cuanto estuvo en la presencia de este.
Así como María es llamada “Bendita”, porque confió en que se cumplirían las Palabras del Señor, ahora ella nos ayuda a confiar en su Palabra cuando Jesús nos dice: “El pan que yo les daré es mi carne para la vida del mundo”. Ante estas palabras de Jesús el Papa dice: “Aquellos que lo escuchan no lo entienden, sus perspectivas son muy materialistas como para captar los horizontes infinitos del Espíritu”. Pero Jesús no está preparado para echarse atrás, por el contrario, Él está dispuesto a perder aun a aquellos que están más cerca de Él: “También ustedes quieren irse” El Papa enfatiza que, por su parte, la Iglesia sabe que la Eucaristía, que recibió como un don, está destinada para todos los pueblos.
Pidámosle a María que nos ayude a redescubrir la centralidad de la Eucaristía. Así como la Palabra se hizo carne a través de María, también a través de María toda la humanidad es conducida a la Palabra hecha Carne en la Eucaristía. El Papa Juan Pablo II dice: “Durante 2000 años la Iglesia ha sido la cuna donde María pone a Jesús, y lo confía para que sea adorado y contemplado por todos los pueblos”.
Que todos conozcamos a Jesús en la Eucaristía, es la misión de María, pues quien mejor que ella puede acompañarnos en este viaje de la mente y el corazón cuando estamos delante de la Hostia Consagrada. Porque Cristo su Hijo es el Salvador de todos, María es la Madre de todos. Cuando Jesús dijo en la cruz: “Mujer, he ahí a tu hijo” y mirando al discípulo le dijo: “He ahí a tu Madre”, María se convirtió en la Madre espiritual de toda la raza humana. No existe nadie que desee más que Jesús sea conocido y amado en la Eucaristía que María, pues a ella le tocó verlo solo y abandonado en ese momento grandioso y doloroso de la cruz. María en su dolor, su corazón se convirtió en uno con el corazón de Jesús, para que todos los corazones se unan a Él. “Ven que te mostraré a la novia, a la esposa del Cordero” María conduce a toda la Iglesia a una unión esponsal con Jesucristo en la Eucaristía.
Cuando se habla del triunfo del corazón inmaculado de María, se habla de la instauración del Reino Eucarístico de Jesús, a través de la adoración perpetua, la cual traerá consigo una nueva era. “Si mi pueblo se humilla y suplica, orando y buscando mi rostro; yo sanaré su tierra” La humilde oración del rosario nos conduce a la Eucaristía. Como oración, la verdadera naturaleza del rosario nos ayuda a permanecer en presencia de la compañía de Cristo, para conocerlo mejor, asimilar sus enseñanzas y vivir sus misterios.
El rosario es la contemplación de Cristo en sus misterios en íntima unión con María. Así como María y los apóstoles perseveraban en la oración preparándose para Pentecostés, María también ahora reúne a la Iglesia alrededor de la presencia de su hijo en la adoración perpetua, y todo para preparar al mundo en un segundo Pentecostés más poderoso. Todas las generaciones llamarán a María Bendita porque ella creyó en las maravillas que realizó el Espíritu Santo. Estas maravillas se realizan hoy en cada Hora Santa de adoración, ya que la generosidad de Jesús en una Hora Santa puede asemejarse a la generosidad que conocemos de Él en las Bodas de Canaá. Allí Él transforma nuestra humanidad pecadora en sabroso vino, el mejor de todos, que son las gracias que Dios derrama sobre cada uno de nosotros y el mundo entero.
“Su nombre es Emanuel, Dios con nosotros”. Belén significa casa de Pan, ya que prolonga su Encarnación, permaneciendo entre nosotros como Pan de Vida. Jesús sigue estableciendo entre nosotros su casa de Pan: el sagrario, lugar donde nos espera siempre con los brazos abiertos. Ojalá y vayamos a Él con tomados de la mano de María


Jesús Rafael Martinez

 

Evangelizando la red desde el 7 de agosto de 2002

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