El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 


María y el Rosario


OBJETIVO:

•  Mostrar una María, cercana a nosotros, que se refleja en cada mamá.

•  Cómo María, como nuestra madre celestial, está siempre pendiente de nosotros.

•  Para que sirve rezar el Rosario y que es?

•  ¿Cómo se reza el Rosario? Enseñarlo y rezar una décima.

 

 

RELATO:

Esta es la historia de una muchacha de Nazaret, la madre del Mesías que recibió un mensaje sobrenatural y aceptó un incomprensible y hermoso aunque abrumador destino.

 

Notas de un diario de María

 

Día 1: Se acerca la primavera, ya se siente la brisa cálida en las mañanas. Hoy desperté con una sensación nueva y sorprendente. Es como si un río recorriera todo mí cuerpo llenándolo de vida. Anoche, sucedió algo maravilloso: un ángel se apareció y me dio la noticia más dulce, fui elegida por el Señor porque de mi va a nacer el Mesías.

 

Es difícil entender el milagro, pero ¿quién soy yo para dudar? Toda mi respuesta fue: Hágase en mi tu voluntad ¿Qué pasará?

 

Día 2 : Estoy preocupada. No sé si será justo pedirle a José su generosa participación. Sé que el nunca me dejaría sola. Siempre pensamos en una vida sencilla. ¿Cómo podremos preparar a este hijo para la tarea que le espera? ¿Cómo guiarlo hacia una vida de entrega y dolor? Mi confianza está puesta en el Señor.

 

Día 3 : Les conté a mis padres la buena nueva. Ellos como todo mi pueblo esperan al Mesías. Mi padre me abrazó y aceptó sin reservas la novedad, es más, agradeció la bendición de Dios sobre su familia.

 

Hablar con mi madre tampoco fue difícil, para ella mi nacimiento ya fue un milagro. Era una mujer de edad cuando fue bendecida con la maternidad. Ella me enseñó a amar y a tener fe, me aseguró que aquel a quien tanto amamos no podría nunca engañarnos ni restarnos felicidad.

 

Día 4: Al fin, José parece haber comprendido. Hubo un momento en que su mundo parecía derrumbarse, me dijo que me ama profundamente y accedió a guardar la promesa que le hice a Dios. Me confesó que su alma se había debatido entre el asombro, el dolor y el amor. Pero él también tuvo una revelación: la promesa de una hermosa carga que asumir, pero también un destino incierto. Hoy me dio el nombre que le pondremos al niño. Se llamará Jesús porque él salvará a su pueblo...

 

Día 5: Con José ahora podemos hablar libremente de nuestros sueños, de nuestras historias de ángeles. A veces nos asusta la dimensión de la tarea, se mezclan por igual la alegría, el miedo y el desconcierto. Pero imagino que eso pasará con todas las madres. La espera ahora es compartida. Es tiempo de murmullos, de hablar en tonos suaves y dulces, tratando de hacer llegar un mensaje de amor al hijo aún no nacido.

 

Día 6: Decidí visitar a mi prima Isabel, presentí que me necesitaba. Ella también lleva en su ser un hijo que es otro milagro. Su hijo también tiene una misión: dará testimonio de la llegada del mesías y preparará el camino del salvador.

 

Me llenaron de felicidad las palabras de Isabel: "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre".

 

Día 7: Cada día que pasa es un día más de asombro. Ahora somos casi uno, pero a veces me pregunto: ¿Cuando llegue para ti el tiempo de salir al mundo, de enfrentarte a la realidad para la que fuiste concebido, serás capaz de hacerlo solo? Cuando tengas que ser consuelo para muchos, ¿Habrá algún momento, por pequeño que sea, en el que también tú encuentres quien te brinde apoyo en tu cansada lucha? Para entonces, ¿podré seguir siendo tu refugio? ¿habré aprendido a respetar tus soledades, a permitirte sufrir?

 

Día 8: José dice que le sorprende mi paz y mi valor. Yo solo he aprendido a aceptar el día a día que me es dado, y a esperar confiada que la bondad natural de la vida me vaya resolviendo los problemas y sinsabores. El tiempo de la espera terminó. Mi mundo ha cambiado para siempre. El centro de mi universo está ya en mis manos. No lo habíamos pensado así, pero mi hijo nació en Belén. Allí en la soledad del desierto. Cuando le mostré a José el recién nacido, mirándome a través de unas lágrimas me dijo: Bendita seas. Si alguna vez tuve dudas sobre mi destino, ahora se han despejado. Mi destino es este: la esperanza.

 

Día 9: Creo que ahora yo lo necesito más a él que él a mi. Hoy, después de buscarlo por tres días, lo encontramos en el Templo, hablaba con los doctores de la Ley como si fuera uno más. Y cuando le pregunté por qué había hecho eso, me contestó sin asombro: ¿No sabias que yo debía estar en la casa de mi Padre? Jesús está creciendo, en estatura, en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres.

 

Día 10: Es el tiempo de Jesús. Tengo plena confianza en mi hijo y sé que el puede hacer grandes cosas. Fuimos invitados a unas bodas en Caná, faltaba el vino, y le pedí que ayudase. Aunque no era su intención hacerse notar demasiado, respondió a mi pedido. Ojalá pueda servir a su lado. Solo espero que todos tengan la misma fe que yo tengo en él y hagan lo que él les dice.

 

Día 11: Jesús, hijo mío, cuanto amor guardo en mi corazón y cuánto dolor viéndote sufrir. Vos, creador de un Evangelio de amor y solidaridad. Pero acepto y cumplo la voluntad de Dios tratando de parecerme a vos y siguiéndote, por este camino que ya es un calvario. ¿Se darán cuenta algún día del valor de tu entrega?

 

Día 12: A los pies de la cruz, he visto pasar mi vida desde aquél momento en que me fue anunciada tu llegada. Se ha desgarrado mi corazón de madre viéndote morir. Y fue allí, momentos antes cuando me diste la misión, que con la misma entrega de la primera vez, acepté: cuidar de mis hijos, tus hermanos, los hijos de nuestro Dios que intentan llegar a él. Hoy busco tu presencia para darme fortaleza, trato de mantenerlos unidos, les enseño a ser una familia, a rezar juntos hasta tu regreso.

 

María la joven niña de Nazaret, la Madre de Dios, nos dice:

Camina conmigo el camino del amor.

Háblame de aquello que no puedes confiar a otros.

Ríe conmigo aunque te sientas solo.

Llora junto a mi cuando te sientas angustiado.

Crea conmigo los sueños que añoras.

Goza conmigo el camino de la vida.

Abracémonos a cada paso, donde quiera que vayas.

Caminemos juntos hacia JESÚS.

 

REFLEXION:

El Rosario es una de las devociones más difundidas y queridas por el Pueblo de Dios, que expresa el amor incondicional a la Virgen Maria , su madre amada.

Es una verdadera fuente de gracias.

¿Hay acaso un medio más adecuado que el Rosario para la rica tarea de contemplar el rostro de Cristo con Maria.?

Al rezar el Rosario, tomamos a María de la mano, con confianza, para que nos conduzca hacia Jesús.

 

Rezar el rosario es corno hacer un resumen del Evangelio de Jesús, de las cosas más importantes de su vida, pero vistas en compañía de María. A fuerza de repetir la oración, vamos haciendo como una música de fondo que nos va tranquilizando, nos hace imaginar que recostamos la cabeza sobre el pecho de la Virgen y cada ave maría es un latido que nos hace conocer qué siente ese corazón de mamá.

 

En presencia de María, recemos una décima del Rosario y abrámosle a nuestra Madre el corazón y todas sus intenciones.

 

Breve catequesis de cómo se reza el Rosario.

 


Equipo de Retiros Capilla Niño Jesus (Chaco - Argentina)

 

Evangelizando la red desde el 7 de agosto de 2002

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