El Sembrador ::: Recursos Catolicos para la Nueva Evangelización ::: 2002 - 2007


 


Mi amigo... el que me traicionó


Me pongo a pensar en la vida de Jesucristo y se me hace imposible desligarlo de sus AMIGOS y lo escribo así por que El sí que supo escoger a personas que en los hechos fueron  AMIGOS CON MAYÚSCULA.

De todos estos amigos hay uno en particular que siempre llamó mi atención y ese es Pedro, si, aquel simple pescador que llego a ser nada más y nada menos que el primer representante de Cristo en la tierra.

Me da mucha intriga saber por qué fue precisamente él, el elegido  entre los doce, si caminamos un poco por la vida de Pedro quizás hallemos la respuesta. Creo yo, que Dios lo escogió desde toda la eternidad  aun sabiendo de que pie cojeaba y cuales eran sus debilidades.  Pedro reconoció a Cristo desde que lo vio en ese momento cuando se acerca a el en la playa y le dijo SÍGUEME yo te haré pescador de hombres, estoy segura que la irresistible mirada de Cristo fulminó a aquel pescador, no lo dudó dejo sus redes y lo siguió, no tenía ni la más mínima idea de lo que le esperaba.

Una de las caracterí­sticas mas saltantes de la personalidad de Pedro (para mi claro esta) es la confianza, el confiaba en el maestro ciegamente, confiaba porque lo amaba y se sabía amado,  pero este amor no surgía de la nada, para que Pedro se enamorara de Cristo convivía con el, aprendía a conocerlo lo deja entrar en su corazón se abrió y el amor lo transformó.

Pedro fue aquel que respondió “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. En aquella escena en que una muchedumbre abandonó al Señor y sabiendo El lo que pensaban sus apóstoles les dijo: También ustedes pueden irse… fue Pedro quien respondió: “A quién iremos Señor si sólo tu tienes palabras de vida eterna”.Hay que rescatar aquí algo muy importante, a pesar que estaba junto a Cristo y lo conocía, aun no estaba lleno del Espíritu Santo por lo tanto no podí­a comprender muchas cosas, sin embargo y aunque las dudas le desgarraban el corazón confió en el maestro y en el amor que sentía.

Otra caracterí­stica fascinante de la personalidad de Pedro era ser tan apasionado, quizás hasta arrebatado, no en vano le llamaban  “el hijo del trueno”, esto ayudaba mucho a la labor que Cristo le tenía encomendada. Pero no todo fue color de rosa, todo habí­a sido bueno hasta que el miedo lo invadía y se dejó dominar.

En el huerto de Getsemaní­ cuando llegaron a apresar a su maestro huyó como un cobarde, cuando tení­a que actuar en vez de hablar…no pudo. De hecho esta acción es por demás reprochable, pero él fue el único que lo siguió de cerca hasta el palacio, y aunque después lo negó tres veces su amor era mas grande que el miedo, quería estar lo más cerca posible de aquel hombre que le había transformado la existencia y eso que la transformación a penas habí­a empezado.

Luego de tan feo episodio vino lo peor, se dio cuenta de lo que había hecho y se sintió el ser más despreciable, lloró amargamente…había fallado, le habí­a fallado a aquel que le habí­a enseñado a “remar mar a dentro”, y ahora lo veí­a en la cruz muriendo por el mundo y en especial por sus amigos, por su amigo, por su traición, y Pedro que así lo entendió, entendió también el derroche de misericordia y se sintió perdonado.

Desde ahí  nació el Pedro que Cristo habí­a formado, por el que tanto había trabajado y con  la ayuda del Paráclito empezó a desarrollarse ese ministerio grandioso para el que Dios lo habí­a reservado, rompió todas las barreras de miedo y recorrió todos los caminos que pudo para llevarle a todos los hombres la salvación de la que él había sido testigo.

Pues así vemos la vida de Pedro fue hermosa, pero todo esto no solo pasó para que los hombres de aquella época creyeran e imitaran a tan grande personaje sino para que tu que estas leyendo en este momento, te sientes a reflexionar y veas como la historia de Pedro se repite todos y cada uno de los días.

Cristo te busca, en tu casa, en tu trabajo, en el colegio, universidad o donde quiera que te encuentres y te dice SÍGUEME… tu dejaste tus redes y lo seguiste? O lo estas haciendo esperar aun por una respuesta?.Si todavía lo estas haciendo esperar es hora de que tomes una decisión. Ese loco que se hizo clavar en una cruz por amor te esta esperando para darte un mundo pleno que no vas a encontrar en ninguna parte. Pero para eso es necesario que recorramos el mismo camino que Pedro, darnos la oportunidad, como él, de convivir con el maestro, conocerlo, amarlo y dejarnos amar, de confiar y abandonarnos aunque a veces las dudas nos desgarren el corazón. Debemos arriesgarnos a ser apasionados como El lo es por nosotros, sin vergüenzas, dejando los temores de lado.

Aunque haya pasado el tiempo y vivamos en una sociedad distinta a la que vivió Pedro las necesidades son las mismas y el Maestro espera que tu también te subas a la barca con El  para que como Pedro aprendas a “remar mar a dentro”.Y si en algún momento el miedo te invade y te domina como a Pedro, no tengas reparos en regresar por que todos  hemos sido alguna vez “El amigo… que lo traicionó”, lo importante de esto es darte cuenta que el amor de Dios es mucho más grande que cualquier error, que El está por encima de todo y así cuando regreses te preguntará como a Pedro: Tu….(ponle tu nombre) me amas? Y le podremos responder como él le respondió:  “Señor, tu lo conoces todo TU SABES QUE TE AMO!!!”

Si Pedro, (en cuyas manos puso Dios la responsabilidad de dirigir su iglesia obviamente con la presencia inefable del Espí­ritu Santo) se equivoco y luego por amor hizo con obras mucho más de lo que hubiera logrado con palabras, nosotros también a pesar de nuestras equivocaciones podemos apelar a algo que nunca falla “el amor transformador de Dios que todo lo puede”  y apoyados en el, podremos ser de los cristianos que prendan fuego en la tierra.


Rosa Altamirano

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