Apuntes para una Pedagogía desde Jesus


  1. La pedagogía de la Encarnación

  2. La pedagogía del silencio

  3. La pedagogía de la Palabra Justa

  4. La pedagogía de la vida entregada por amor.

LA ENCARNACIÓN

“Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.” (Mt. 1, 18)

Lo primero que hace Jesús para enseñarnos y para regalarnos la salvación es ponerse en nuestros zapatos y caminar con nosotros, se hace igual en todo menos en el pecado (...) ¿por qué no en el pecado? Porque de eso vino a salvarnos; Dios lo identificó con el para poder salvarnos.

Jesús pasa los nueve meses en el vientre de María, nace, crece, todo igual a nosotros, por eso conoce nuestra naturaleza humana, la comprende y puede enseñarnos como y por donde caminar.

Nosotros, en el trabajo pastoral con los demás debemos, como primer principio, encarnarnos ; meternos  en la realidad el otro, en su ámbito... “menos en el pecado” . En todas las edades hay cosas buenas y otras no tanto; por eso debemos hacernos niños con los niños, adolescentes con ellos, para poder caminar a su lado y acompañar su formación.

La pedagogía  de la Encarnación nos compromete a conocer y a entender al otro. Enseñar es desde este aspecto, mas que hablar y teorizar, mostrar y ejemplificar. Este tipo de enseñanza exige coherencia de vida, es decir, que nuestros actos guarden estrecha relación con lo que enseñamos teóricamente.

¡Ayúdame a mirar!

Diego no conocía el mar.

El padre, Santiago lo

Llevó a descubrirlo.

Viajaron al sur.

El, el mar, estaba

Mas allá de los altos medanos, esperando.

Cuando el niño y su padre

Alcanzaron por fin

Aquellas cumbres de arena,

Después de mucho caminar,

El mar estallo ante sus ojos.

Y fue tanto la inmensidad del mar,

Y tanto su fulgor,

Que el niño quedo mudo de hermosura.

Y cuando al fin consiguió hablar,

Temblando, tartamudeado, pidió al padre:

“¡Ayúdame a mirar!”

                                    Carlos Vallés (adaptación)

La petición del niño ante la sorpresa azul del inmenso mar es la mas bella expresión de lo que hombres y mujeres podemos hacer los unos por los otros en la búsqueda permanente que marca nuestra existencia.

¡Ayúdame a mirar! Tu no puedes mirar por mi, no puedes obligarme a mirar, no puedes hacer que yo vea lo que vez, no puedes forzarme, no puedes prestarme tus ojos, tus ideas, tu experiencia. Pero puedes ayudarme. Ya me has ayudado con llevarme al sur, con atravesar la arena conmigo, con ponerme frente al mar y estar a mi lado mientras miro. Pero es tan ingente esta tarea inesperada de mirar al mar que sigo necesitando tu presencia, tu compañía, tu mano en mi hombro, la seguridad de que ves lo que yo veo y admiras lo que yo admiro. Ayúdame con la seguridad de que lo que veo es real, que está allí, que siempre ha estado y seguirá estando cuando nos vayamos, como sabías que estaba cando me trajiste aquí. Ayúdame con tu recuerdo y tu secreto. Ah, y si supieras algunos versos bonitos de cualquier poeta sobre el mar, ayúdame recitándomelos para que los sepa yo también y me hagan gozar por dentro lo que veo por fuera. ¡Ayúdame a mirar el mar!

La vida es inmensa, y cuando nos asomamos a su horizonte perdemos el habla. ¡Ayúdame a mirar!. Como vives conmigo, has caminado por donde yo no he caminado todavía, has visto lo que yo aún no he visto, tienes ya reflejado en tus pupilas el azul sin limites del misterio de la vida, sabes callarte ante el mar, y dejar que su grandeza te penetre con murmullos de eternidad: ¡Ayúdame a mirar! Solo quiero ver. Abrir bien los ojos del alma y todos los sentidos y el cuerpo entero para ver con todo mi ser la realidad apasionante que tengo ante mi. Quiero llevármelo tierra adentro, vida adentro, conciencia adentro, para que se me ensanchen para siempre las orillas del alma.

No pido ayuda para andar, para trabajar, para lograr, para triunfar. Solo pido ayuda para ver. Ayúdame a ver de veras todo lo que se me presenta por fuera con todo lo que llevo por adentro, ayúdame a sentir, ayúdame a dejarme sorprender, ayúdame a abarcar con la mirada agradecida todo este océano que es la vida de orilla a orilla de nacimiento a eternidad. De pie a mi lado sobre la playa de nuestra amistad, ¡Ayúdame a mirar! ( Los contenidos transversales. María Obdulia Mendez )

EL SILENCIO

“El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos” (Lc. 2, 51)

Todos los años de la vida oculta de Jesús no son un desperdicio, no son tiempo perdido, no quiere decir que durante todos esos años Jesús no nos haya enseñado nada, porque el silencio nos dice mucho; el silencio nos habla del respeto por el tiempo, el propio y el de los demás, nos habla de la preparación interior, nos habla de la contemplación. Esto es lo que hizo Jesús en los años de su vida oculta, aprender, respetar y crecer “en sabiduría, estatura y gracia” (Lc. 2, 52)

El silencio de Jesús nos muestra otro aspecto que debemos imitar a la hora de nuestro trato con los demás. Hacer silencio es demostrar que el otro tiene algo que decirme y que ese algo me interesa, hacer silencio para escuchar es respetar el proceso del otro, es demostrarle que todos tenemos algo que decir y que Dios quiere utilizar nuestras palabras para hablar a los demás.

En el trabajo con adolescentes y jóvenes, es sumamente importante poner en práctica la pedagogía del silencio , pues el adolescente, el joven o cualquier persona, tiene la profunda necesidad de ser escuchado.

El silencio implica para cada uno renunciar al protagonismo, pues “el servidor no es mas grande que su señor, ni el enviado mas grande que el que lo envía ” (Jn. 13. 16) En toda ocasión imitar a Jesús es lo mas correcto, él es el ejemplo de educador y el educador del ejemplo.

Historia de la mariposa

Recordé una mañana que había descubierto un capullo con un gusano de seda en la corteza de un árbol en el preciso momento en que la mariposa rompía la envoltura e iba a salir. Esperé un largo rato, pero tardaba demasiado y yo tenía prisa. Nervioso, me aproximé y empecé a calentarla con mi aliento. La calentaba impaciente, y el milagro comenzó a desarrollarse ante mi a un ritmo mas rápido que el natural.

El capullo se abrió y la mariposa salió arrastrándose, y no olvidaré nunca el horror que entonces sentí cuando al poco tiempo la débil mariposa murió en mis manos... no olvidaré nunca el cadáver de la mariposa...

Tradicional de la india

LA PALABRA JUSTA

“¡Lázaro, ven afuera!” (Jn. 11, 43)

Jesús es la Palabra hecha carne, por eso si de dar una palabra se trata es la persona indicada. Durante toda su vida, fueron mas los años que paso en el silencio que los que salió a predicar, pero en estos nos dio las claves para tener una vida conforme a los designios del Padre.

Para enseñar no es necesario despilfarrar palabras casi sin sentido, sino mas bien conviene que la comunicación sea concreta, sin muchas vueltas, para que la elaboración del contexto sea propia de cada oyente y no de quien enseña.

En nuestro trabajo con los demás, es importante que no nos aturdamos con mil formulaciones armadas, sino que les demos dos o tres ideas claras sobre las que fundamentar su fe. Lo demás viene después, cada uno en su vida y en su camino, va logrando “sus” propias seguridades.

“No aclares porque oscurece”. Muchas veces intentamos explicar una situación con muchas palabras y lo único que logramos es empeorar la comprensión de las cosas. La mayoría de las veces es mas conveniente hablar poco pero que nuestras palabras tengan contenido.

LA VIDA ENTREGADA POR AMOR

“No hay amor mas grande que dar la vida por los amigos” Jn. 15, 13

El culmen de toda la obra redentora de Cristo es su entrega total, por ella nos da su lección as grande: cuando hacemos algo debemos hacerlo bien, hasta el extremo de, por amor, entregar la vida.

Cristo nos enseña mucho desde lo alto de su cruz, nos enseña que el amor por los demás puede mucho mas que nuestros propios intereses y que nuestra propia vida.

Cuando trabajamos por los demás nada debe parecernos mucho, todo debe parecernos poco, pues si Cristo entregó su vida por nosotros, que otra cosa podemos hacer nosotros que no sea entregarla por nuestros hermanos.

Entonces... cual es el sentido de nuestra vida?: Entregarla por los demás.

En todo lo que hagamos... nunca pensemos que es mucho trabajar por los demás; en las pequeñas cosas y los pequeños momentos encontramos una oportunidad para entregar gota a gota nuestra sangra y sembrar palmo a palmo el Evangelio.

 


Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar