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Masturbación, ¿por que no?
Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (CATIC): “Por masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer sexual” ( CATIC 2352 ) ¡que malo! ¿no?... ¡Esta nuestra iglesia que nos prohíbe los placeres, incluso los que Dios ha creado!.
Mas adelante, aclarando el tema nos dice: “El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice su finalidad sea cual fuere el motivo que lo determine”. Aquí esta el punto clave de la cuestión. El goce sexual ha sido creado por Dios, y Él mismo, contemplando su obra “vio que todo era muy bueno” ( Gn. 1, 31 ), pero cada cosa fue creada con una finalidad, y su perfección es llegar a realizarla mas plenamente; un árbol de manzanas no es mas perfecto por producir bananas, pues esto sería un defecto de dicho árbol; así también el goce sexual ha sido creado para ser vivido en la pareja, con el amor conyugal y con el fin de la procreación, o sea para continuar la obra creadora de Dios.
Pero me puedes decir: “¡con esto no hago daño a nadie!”, y yo no puedo decirte lo contrario, pues a menos que la masturbación se transforme en patológica (enfermedad), las consecuencias no están a la vista, pero partiendo del principio de que somos “imagen y semejanza de Dios” ( Cfr. Gn. 1, 26 ) , nuestra perfección la alcanzaremos en cuanto mas nos acerquemos al ser de Dios, y esto se logra dando a cada cosa su lugar y a cada creación su fin.
Hay un gran amigo de los hombres llamado Emmanuel, durante su vida y con su muerte y resurrección, vino a traernos un mensaje: Somos templos del Espíritu Santo y como tales debemos respetarnos a nosotros mismos, cuidarnos y querer llegar a la plenitud de nuestro ser, que es que nuestra persona se vea realizada totalmente y en todas sus dimensiones.
... Pero no nos apresuremos a juzgar los actos en si mismos; hay, según el CATIC, criterios que “reducen, e incluso anulan, la culpabilidad moral” de la masturbación: “la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales”.
Sobre todo, ante la masturbación, miremos a la persona, y veamos en ella a un hijo de Dios, preguntando, buscando respuestas, golpeando puertas; y a él se le responderá, encontrará respuestas y se le abrirán las puertas de la misericordia de Dios y su Reino... no seamos nosotros obstáculo para este encuentro, sino mas bien, puente, atajo y fortaleza.
