Los sacramentos


Dios, ordinariamente , nos otorga la gracia santificante a través de los sacramentos recibidos en la fe.

Dos aclaraciones previas.

Ordinariamente:

Quiere decirnos que esta manera (los sacramentos) es la mas habitual para que Dios nos de su gracia, pero esto nos abre a la perspectiva de que hay otros modos de comunicar la gracia que están fuera de los sacramentos y por lo tanto son extraordinarios lo que no quiere decir, necesariamente, que sea milagroso o sobrenatural.

Gracia: (Rm. 11, 6) Don sobrenatural que nos hace justos, santos y amigos de Dios, templos del Espíritu Santo, participes de la vida divina y, por eso, hijos y herederos de Dios.

Efectos de la Gracia:

· Nos hace hijos de Dios: ( Jn. 1, 12-13 ; 3, 5-6; Rm. 8, 14-16; Gal. 4, 5; Col. 1, 12; 1Jn. 3, 1) No somos, desde luego, hijos de Dios  del mismo modo y en la misma medida en que lo es Cristo. El es Hijo de Dios por naturaleza y esencia. Nosotros somos Hijos de Dios por adopción. Con todo, por infinita que sea la distancia que nos separa de Cristo, nuestra filiación esta hecha a imagen y semejanza de la de Cristo. Nosotros somos hijos de Dios de verdad y no solo de nombre.

· Nos hace justos, santificándonos y renovándonos, convirtiéndonos en hombres nuevos en Cristo Jesús (Ef. 4, 24; 1Cor. 6, 11).

· Nos restablece en comunión de amistad entrañable con Dios (Jn. 15, 14; Ef. 2, 19; Rm. 5, 10)

· Nos hace templos de Dios. (Jn. 14, 23; 1Co. 3, 16; 6, 19; Rm. 5, 5; 8, 11)

· Nos hace herederos de Dios. Participes de su gloria y su gozo eterno (Tit. 3, 7; Rm. 8, 15ss)

Tipos de Gracia :

· Santificante o habitual: nos constituye en estado o habito de santidad (permanente)

· Actual: ayuda o auxilio transitorio de orden sobrenatural (momentáneo)

Sacramentalidad

La sacramentalidad es un plan de acción por el que Dios se manifestó al hombre, lo salvó e hizo participe de su propia vida, valiéndose de mediaciones al alcance del hombre, en consonancia con la naturaleza físico espiritual de este.

Dios es, como sabemos, un ser espiritual y trascendente. Para hacerse oír y comprender por el hombre, hubo de manifestarse a él a través de expresiones físicas y humanas que fueran signo de su presencia y acción divina.

Pero el acontecimiento máximo en el orden de la sacramentalidad fue la Encarnación por la que el Hijo de Dios, la misma Palabra del Padre, se hizo hombre, vivió, sintió y pensó como hombre, hablo a los hombres en su propio lenguaje, y los salvó muriendo y resucitando como hombre.

El sacramento de la colilla de cigarrillo

En el fondo de la gaveta escondo un pequeño tesoro: una colilla de cigarrillo adherido a un vidriecito. Es una colilla amarillosa por el humo, y de paja, como se acostumbra fumar en el sur del Brasil. Nada de nuevo y, sin embargo, esta insignificancia tiene una historia única, habla al corazón, posee un valor evocativo de una nostalgia infinita.

Era el 11 de agosto de 1965, en Munich; lo recuerdo muy bien. Allá afuera, las casas aplaudían al sol vigoroso del verano europeo; flores multicolores lucían en los parques y se asomaban sonrientes a las ventanas. Eran las dos de la tarde, cuando el cartero me trajo la primera carta de la patria, cargada con la tristeza del camino recorrido. La abro precipitadamente y descubro que parece un periódico, porque todos escriben...

Contiene un misterio: “Ya debes estar en Munich cuando leas estas líneas. Igual a todas las otras, sin embargo esta carta te lleva un hermoso mensaje, una noticia que, vista desde el ángulo de la fe, es de veras maravillosa. Dios ha exigido de nosotros en estos días un tributo de amor, de fe y de sumo agradecimiento: descendió al seno de nuestra familia, nos miró uno por uno y escogió para si al mas perfecto, el mas santo, el mas maduro, el mejor de todos, el mas próximo a Él, nuestro amado Papá. Querido, Dios no lo apartó de nosotros, porque lo dejó aún mas verdaderamente entre nosotros; Dios no se llevo a papá para si, sino que nos lo dio aun mas; Él no lo arrancó de la alegría de nuestras fiestas, sino que lo plantó hondamente en la memoria de todos; Dios no hurto a papá de nuestra presencia, sino que lo hizo mas presente; Él no se lo llevo sino que lo dejó; Papá no ha partido, ha llegado... no se ha ido, sino que ha venido para ser mas papá si cabe, para estar presente hoy siempre, aquí en el Brasil con todos nosotros, contigo en Alemania, con Ruy y Clodovis en Lovaina, y con Waldemar en los Estados Unidos.

Y la carta seguía con el testimonio de cada hermano, para el que la muerte, instaurada en el corazón de la vida de un hombre de 58 años, era celebrada como hermana y como la fiesta de comunión que unía a la familia dispersa en cuatro países diferentes. En la turbulencia de las lagrimas bullía una serenidad profunda. La fe ilumina y exorciza el absurdo de la muerte que se convierte así en el “vere dies natalis” del hombre. Por eso, en las catacumbas del antiguo convento, en la presencia de tantos vivos del pasado –desde Guillermo de Ockham hasta el humilde enfermero que pocos días antes había nacido para Dios- celebré tres días consecutivos la Misa de Navidad por aquel que allá lejos, en la Patria, ya había celebrado su navidad definitiva. Que extraña profundidad adquirían para mi entonces los antiguos textos “Puer natus est novis...”

Al día siguiente, en el sobre que me había traído el anuncio de la muerte, percibí una señal de vida de aquel que nos la diera en todos los sentidos, y que la víspera me había pasado inadvertido: una amarillenta colilla de cigarrillo de paja, del ultimo cigarrillo que había fumado momentos antes del infarto al miocardio que lo libró definitivamente de esta cansada existencia. La intuición profundamente femenina y sacramental de una hermana, había colocado la colilla en el sobre.

De este momento en adelante, la colilla de cigarrillo dejo de ser solamente eso, para ser un sacramento vivo, que habla de vida y acompaña la vida. Su color típico, el fuerte olor que despide, la parte quemada de la punta, hacen que para nosotros permanezca encendido y, por eso, con un valor inestimable. Pertenecen al corazón de la vida y a la vida del corazón ya que recuerda y hace presente la figura de Papa que se va tornando, con el pasar de los años, un arquetipo familiar y un marco de referencia para los valores fundamentales de todos los hermanos. “Oímos de sus labios y aprendimos de su vida que quien no vive para servir no sirve para vivir”: así esta escrito en su tumba.

Las dimensiones de la sacramentalidad

 

Todo es sacramento o puede tornarse sacramento. Depende del hombre y de su mirada: si mira humanamente, relacionándose, dejando que al mundo entre en su interior y se torne “su” mundo, entonces las cosas revelan su sacramentalidad. El, hombre decían los clásicos, es en algún sentido, todas las cosas. Si esto es verdad, lo es también que todas las cosas se pueden convertir en sacramentos si las sabemos acoger en nuestra morada, abriéndonos a ellas. ¿No consistirá en esto la vocación esencial del hombre frente al mundo? ¿Hominizarlo, hacer de el su morada, sacarlo de su profunda opacidad? Y el camino para realizar esta vocación ¿no será por ventura la mirada sacramental? El mundo todo no es solamente una parte de él, sino su patria amiga y familiar, en donde vive la fraternidad y reina la tranquilidad del orden de todas las cosas.

¿Quien diría que una colilla de cigarrillo de paja pudiera tronarse en sacramento? Pero el hecho es que esta ahí, en el fondo del cajón, que de cuando en cuando, al destapar el vidrio exhala su perfume, se pinta con el color de un  pasado aun vivo. La gaveta no contiene la grandiosidad de la presencia que de ella surge, sino que son los ojos de la mente los que contemplan viva la figura paterna, hecha presencia en la colilla de cigarrillo, arreglando la picadura de paja, prendiendo hasta que brota el humo, aspirando largamente, dando bocanadas, leyendo el periódico, quemando la camisa con alguna chispa, adentrándose en la noche con el penoso trabajo del escritorio, fumando... fumando. El último cigarrillo se apagó con la vida mortal. Algo continua aun  encendido. Todo, por causa del sacramento.

( Los sacramentos de la vida y la vida de los sacramentos . Leonardo Boff)

Otro ejemplo del lenguaje sacramental

 

-Muchachito, quiero oír otra vez tu risa...

Pero él me dijo:

-Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará precisamente encima del lugar donde caí el año pasado...

-¿No es cierto -le interrumpí- que toda esta historia de serpientes, de citas y de estrellas es tan sólo una pesadilla?
Pero el principito no respondió a mi pregunta y dijo:

-Lo más importante nunca se ve...

-Indudablemente...
-Es lo mismo que la flor. Si te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido.

-Es indudable...

-Es como el agua. La que me diste a beber, gracias a la roldana y la cuerda, era como una música ¿te acuerdas? ¡Qué buena era!

-Sí, cierto...

-Por la noche mirarás las estrellas; mi casa es demasiado pequeña para que yo pueda señalarte dónde se encuentra. Así es mejor; mi estrella será para ti una cualquiera de ellas. Te gustará entonces mirar todas las estrellas. Todas ellas serán tus amigas. Y además, te haré un regalo...

Y rió una vez más.

-¡Ah, muchachito, muchachito, cómo me gusta oír tu risa!

-Mi regalo será ése precisamente, será como el agua...

-¿Qué quieres decir?

La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecitas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido...
-¿Qué quieres decir? -Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reír!
Y rió nuevamente.

-Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: "Las estrellas me hacen reír siempre". Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada...

Y se rió otra vez.

-Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reír...
Una vez más dejó oír su risa y luego se puso serio.

Cristo, sacramento del padre, y la Iglesia, sacramento de Cristo.

 

Por todo ello, Cristo es llamado Sacramento del Padre, es decir, el medio natural y humano a través del cual Dios hizo visible su presencia salvadora y comunicó su gracia a los hombres.

Ahora bien: así como Cristo es el sacramento del Padre, la Iglesia es el sacramento de Cristo. En efecto, ella como prolongación del Hombre Dios –humana y divina como Él-, es el signo visible e histórico a través del cual obra Jesús por su Espíritu.

La Iglesia cumple esta función sacramental mediante siete celebraciones de fe a las que suele denominarse mas corrientemente con el termino de sacramentos.

 

Hacia una definición de sacramento

 

Y ahora podemos avanzar hacia una definición: los sacramentos son signos sensibles y comunicativos de la gracia, instituidos por Jesucristo y dispensados por El, por medio de la Iglesia, para hacernos participes de la vida de Dios y desarrollarla en las diversas etapas, situaciones y tareas de nuestra existencia cristiana.

Expliquemos esta definición:

a. Dios nos manifestó su amor no solo otorgándonos al ser y la vida humana, sino que, en su infinita bondad, nos quiso elevar a su propia esfera y hacernos participes de su vida divina, adoptándonos como hijos suyos. Esto lo hizo enviándonos a nuestro salvador Jesucristo (misión pascual) y el Espíritu santificador (misión pentecostal).

b. Los sacramentos fueron instituidos y dispensados por Jesús, y, al presente, siguen siendo acciones suyas, es decir, que él mismo realiza por ministerio de la Iglesia. Dicho con otras palabras: Cristo es el ministro principal de los sacramentos, cuantas veces se celebran; y se vale, en ello de un ministro secundario que actúa en representación suya.

c. Todos los sacramentos confieren la gracia santificante a quienes lo reciben. Algunos de ellos la confieren por primera vez o la hacen recuperar si se ha perdido por algún pecado mortal.

d. Los sacramentos expresan y comunican la gracia a través de signos o formas materiales y visibles, hechas a la medida del ser físico espiritual del hombre.

e. Los sacramentos no tienen como finalidad exclusiva la santificación del hombre, sino también y sobre todo, el culto de Dios.

Orden y distribución de los sacramentos

 

Los sacramentos se ordenan, como ya dijimos, a dispensar y desarrollar la gracia de Dios y el nuevo orden de Cristo a través de las diversas etapas, situaciones y tareas de la vida humana.

a. sacramentos de iniciación: tres de ellos son de iniciación. Se los denomina así porque se los recibe al comienzo de la vida de fe, y desarrollan progresivamente la estructura sobrenatural del creyente, es decir, el ser-en-gracia-básico que constituye al cristiano en calidad de tal:

o El Bautismo es el sacramento de génesis. Por él, el nuevo creyente de una respuesta afirmativa al evangelio y se incorpora a Cristo y a la Iglesia, muriendo al pecado y naciendo a la vida nueva de los hijos de Dios.

o La confirmación es un sacramento de maduración y mayoridad espiritual. Por ella el bautizado se vincula mas perfectamente a Cristo y a la Iglesia, y recibe una fuerza especial del Espíritu Santo para el ejercicio de su fe.

o La eucaristía es un sacramento de plenitud. En ella culmina la inserción en la Iglesia del bautizado-confirmado, que es admitido a la meda común del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.

b. Sacramentos de curación: Entre los sacramentos hay dos que tienen carácter curativo, medicinal, reconstituyente, y se orientan a la recuperación de la vida de la gracia:

o La penitencia es el sacramento del perdón y de la reconciliación del pecador con Dios.

o La Unción de los enfermos es el sacramento que alivia y reconforta al cristiano debilitado por la enfermedad, y lo purifica de su fondo de pecado.

c. Sacramentos de misión: Los dos sacramentos restantes se ordenan a surtir espiritualmente a los cristianos para las misiones y tareas específicas que, según el llamado de Dios, deben cumplir en la Iglesia.:

o El Orden Sagrado es el sacramento que reciben los que son llamados a ejercer una función jerárquica en la Iglesia.

o El Matrimonio es el sacramento que provee espiritualmente a los cristianos que constituyen sus hogares, células de fe por las que se van sumando nuevos miembros a la comunidad creyente.

BIBLIOGRAFÍA

Los sacramentos de la vida y la vida de los sacramentos . Leonardo Boff

Mensaje Cristiano . Héctor Valla

El Principito . Antoine Saint-Exupery

 

Martin Daniel Gonzalez ::: martindanielgonzalez@yahoo.com.ar